¿Aprendemos las horas y a situarnos en el tiempo?

El reloj calendario de Goula de Dideco es un básico imprescindible para cualquier casa o aula de infantil o primaria.

Se trata de un material recomendado a partir de los tres años o cuando el niño esté interesado por la temporalidad, los números, el clima y la esquematización de una rutina u horario.

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Durante toda mi experiencia profesional he contado con herramientas similares de construcción casera o DIY, como ahora se llaman, pero que al final resultaban menos resistentes y llamativas para los peques que esta opción que hoy os presento de la mano de Dideco.

Este material es muy útil para crear hábitos y rutinas en los niños, sobre todo en mi campo dentro de la atención temprana y la discapacidad, donde se tiende a realizar las mismas pautas de iniciación y finalización de sesiones para estructurar y centrar al niño en el contexto y que así les sea más sencillo comprender el inicio y el fin de las sesiones, el saludo y la despedida.

En mi caso, lo he empleado de forma habitual en el inicio de las sesiones y os cuento cómo:

– Podemos comenzar por el clima, algo que los peques de dos años con ayuda del adulto, son capaces de hacer mirando por una ventana o tras haber estado en la calle.

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Al principio podemos tratar de ayudarles a colocar el casillero sobre el clima que corresponda. Luego lo podrá hacer el peque sin ayuda.

– Después podemos seguir con los días de la semana, donde podremos trabajar de la misma manera descrita que con el clima.

Además los días de la semana incluyen el dibujo de unos círculos bajo el nombre según si es lunes (un círculo o punto), martes (dos), miércoles (tres), jueves (cuatro), viernes (cinco), sábado (seis) o domingo (siete).

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Éstos a su vez están pintados en diferentes colores para diferenciarse unos de otros y del mismo modo poder enseñar a los peques a diferenciar al principio cada día de la semana por su color, algo que ayuda mucho al inicio.

– Más adelante podemos tratar de integrar los meses y las estaciones del año, algo que suele resultar sencillo para ellos, ya que no cambia con frecuencia, sino que cambia cada mayor tiempo respecto al resto de componentes de la tabla.

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Los meses del año suelen aprenderlos de forma sencilla desde pequeños y, de la mano, sucede lo mismo con las estaciones de año, donde además suele potenciarse su aprendizaje a través de algunas manualidades o actividades en clase, como recoger hojas de los árboles en otoño, pintar flores en primavera…

Por todo ello podemos trabajar su adquisición a través de este material y recordar el mes y la estación en la que nos encontramos cada día, para que el peque lo integre y aprenda.

El mejor modo es hacerle partícipe de la colocación correcta de la flecha, pidiéndole que la sitúe sobre el mes en que nos encontramos y, de este modo, observará directamente la estación del año en la que estamos según el mes. La misma flecha señala ambas cosas.

– Lo siguiente sería la adquisición de los días del mes, algo que con rutina y trabajo diario podemos hacer que el niño integre al cabo de pocos días, ya que podemos trabajar la temporalidad, haciéndole recordar qué día fue ayer para comprender que hoy es un día más, es decir, si ayer fue día 9 y lo pusimos en el calendario, hoy será un día más, por lo tanto día 10. Poco a poco irá recordando la fecha del día anterior y situando la del día de hoy.

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Esto les hará integrar y tener percepción del tiempo y los días, algo que trabajando el día y la noche les hace comprender e interiorizar mejor este concepto.

– Por último, trabajaremos las horas y los minutos, de manera muy visual y sobre la tabla. En el reloj observamos: horas de 1 a 12 y de 12 a 24, minutos, cuartos de hora y las horas en punto.

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Podemos trabajarlo primero con orientación respecto a las rutinas diarias fijas del niño, es decir, si siempre nos levantamos a la misma hora, podemos pedirle que coloque las agujas del reloj a la hora que nos levantamos, para que relacione esa posición con la mañana y la hora de levantarse.

Si queremos que comprenda cuánto queda para realizar algo, o a qué hora haremos algo, como por ejemplo: “¿a qué hora acaba la clase?”, podemos explicarle que cuando la aguja pequeña marque el 5, por ejemplo, y la grande el 12. Explicándole al peque que eso son las cinco de la tarde y será cuando nos vayamos.

La temporalidad se les puede explicar en relación a hábitos del día a día, como por ejemplo, es por la mañana cuando nos levantamos, es mediodía cuando comes, es por la tarde cuando sales del colegio, es por la noche cuando nos vamos a dormir. También les podemos ayudar a estructurar las acciones en relación a hábitos, como por ejemplo, iremos al parque después de merendar.

Este concepto es esencial para que el niño tenga seguridad y sepa situarse en relación al tiempo, ya que conocer los tiempos hace que sepa anticiparse a las rutinas, tenga conocimiento y estructura de su vida y pueda saber qué va antes y después de cada día, hora y minuto.

Además este material favorece significativamente la atención del niño, tanto individual como conjunta con el adulto que le enseñe, ya que es un aprendizaje muy significativo y que es útil y necesario para toda la vida.

La memoria también se ve potenciada a través de esta tabla, donde el esfuerzo y el aprendizaje diario harán que se alcance su adquisición total.

Además la tabla puede emplearse sobre una mesa de forma portátil o colocándola en la pared, con unos clavos sobre los agujeros que lleva integrados, algo que es muy útil y libera espacio en la habitación y da visibilidad al juguete, que es muy atractivo y bonito, con colores llamativos y un aspecto clásico y sencillo, que ha encantado a todos los peques con los que hemos trabajado.

Además, me parece que su precio es muy bueno para la utilidad tan prolongada que tiene y la calidad tan buena que ofrece. Podéis encontrarlo por menos de 24€ en vuestra tienda Dideco más cercana o en su página web, aprovechando su envío a España y Europa.

¡Un material muy aconsejable y útil para todos los peques!

¿Qué puedo hacer el finde con niños?

– Disfruta de una tarde de experimentación táctil, dejándole diferentes elementos de la cocina como harina para tocar, macarrones para hacer un collar, lentejas para meter por la boca de una botella, hacer un bizcocho, emparejar diferentes legumbres… Todo aquello que le haga disfrutar tocando y haciendo algo que normalmente no hace.
– Sal a pasear y disfruta del buen tiempo. El sol es vida para todos y a los niños les encanta jugar en el césped, tocar la arena del parque o el agua de las fuentes. Disfruta de lo que ofrece tu ciudad y sus espacios.
– Cede alguna vez en tus rutinas y horarios. Que los niños también sean conscientes de que es fin de semana y pueden tener algún capricho o cambio en el ritmo habitual.
– Anticipa todo lo que vaya a suceder, creando así seguridad en tus hijos. Dile dónde vas a ir, cuánto les queda de jugar a algo, cuando tocará irse, a dónde iréis después… Esto evita muchas rabietas y situaciones incontrolables.
– Compréndele y escúchale, ya que son días libres y no hay excusas para no escuchar y dar tiempo al otro. Dedícale su espacio y tiempo e interésate por lo que te cuenta o quiere hacer.
– Sé más niño que tu niño. Disfruta jugando en el suelo, persiguiéndole, haciéndole cosquillas, riéndote sin límite, haciendo pedorretas, escondiéndote, bailando con la música a tope, jugando a indios y vaqueros o piratas y princesas; lo que quieras, pero disfruta.
Disfruta porque tus hijos crecen muy rápido y al fin y al cabo todo aquello que guardarán en su retina y en su memoria serán estos momentos de afectividad, juego y calidad de sus padres con ellos.
¡Feliz fin de semana!

NIÑO BUENO, NIÑO MALO

Son muchas las veces en las que oímos estas palabras en nuestro día a día.
Ayer mismo una conocida me preguntaba que por qué creía yo que había cada vez mas niños malos.
Ante mi asombro por tal afirmación me decido a escribir este post, donde creo totalmente necesario que la gente conozca e interiorice la realidad de lo que son los niños.
Desde que empecé a trabajar con niños he podido observar personalidades y conductas totalmente contrapuestas, diferentes y únicas, pero esto sucede en cada uno de nosotros no sólo en los niños, ¿no?
A veces tendemos a pensar que es más sencillo creer que los niños vienen ya con un carácter y un comportamiento escrito en su ADN en lugar de reflexionar sobre lo que le ha llevado a ser o comportarse de este modo.
Es más sencillo echar balones fuera y pensar que no tiene solución, que hacer autocrítica y mejorar desde nuestras capacidades.
Cada niño podrá ser de un modo u otro dependiendo de su genética, del ambiente y del entorno.
Es decir, influye el medio donde nace, las posibilidades de su entorno, el ambiente que le rodea y su genética, ya que cada uno es diferente.
Pero lo que realmente determina el comportamiento es el desarrollo de la vida. 
Dependiendo del día a día de cada uno, se definirá el comportamiento, la personalidad, el carácter y la forma de ser del niño.
La empatía y el ejemplo son dos bases fundamentales en la educación de los niños. Cuando un niño observa que sus referentes en el mundo dan ejemplo de empatía con el resto, realizan aquello que tratan de educar y son responsables de lo que predican, siguen a tales y comprenden e integran estos comportamientos y los hacen suyos. 
Es decir, si a un niño le pedimos que recoja pero jamás nos ve recoger, no tendrá ejemplo y no podremos exigirle lo mismo que a uno que lo ve en su rutina diaria.
Los niños no son ni buenos ni malos, son niños. Nacen como masa moldeable, como arcilla o plastilina que va tomando forma según sus vivencias y experiencias en la vida.
Cuando un niño siente frustración en la infancia y no tiene herramientas para expresarse, mostrará esta frustración de la manera más primaria. Pero con ejemplo, dedicación, paciencia y esfuerzo y muuuucho cariño, aprenderá a resolver sus conflictos con ayuda de sus referentes. 
Los niños no son malos, expresan sus sentimientos de un modo primario, haciéndonos ver sus necesidades con acciones y no con palabras.
Se enrabietan ante una situación que no comprenden, que no saben manejar, pero somos los adultos quienes debemos darles herramientas para manejar la frustración y los conflictos.
Yo tengo muy claro que un niño hace lo que ve y aprende lo que vive. Si se rodea de bondad, atención, dedicación y cariño, integrará esos valores y los hará suyos, siendo una persona bondadosa, atenta y cariñosa con su entorno.
Si por el contrario, recibe castigo, gritos, falta de atención y poca dedicación, lo mostrará en su comportamiento y sacará su enfado en forma de rabieta.
Os invito a reflexionar sobre ello y a cambiar la idea de todo aquel que cree que hay niños buenos y niños malos.
Los niños son niños. No van más allá de la sencillez y lo primario. No son capaces de meditar su comportamiento para hacer la vida imposible al que tienen al lado.
Cada vez que nos encontremos ante un niño frustrado, que pega o grita o tiene una rabieta, pensemos qué es lo que le ha llevado a esta situación y cómo podemos empatizar con él, comprenderle y darle herramientas para que aprenda a manejar esta situación.
Protejamos la infancia, con respeto y amor, dando ejemplo de lo que decimos ser.

Formando la personalidad

La forma en la que tratamos a los niños es muy significativa y conlleva muchas consecuencias.
Toda la personalidad se forma en los primeros años de vida del pequeño y dependerá de lo que reciba del ambiente, de su núcleo familiar, del entorno en el que viva y del modo en que se críe.
La sociedad nos impone los límites en los niños desde que nacen. Hay una gran corriente que sigue pensando que el «no» es esencial desde que nacen para hacer ver a los niños lo estricta que es la vida y lo necesario que es seguir las normas desde el principio.
Esta misma corriente defiende varios puntos con los que no estoy de acuerdo, como el alimentar a los niños con un horario, hacerles dormir solos desde el inicio para que aprendan a calmarse por sí mismos y a respetar un horario de descanso para todos; también se tiende a pedir al niño dar abrazos y besos a personas desconocidas (o conocidas) a la hora de saludar o despedirse o que el pequeño tenga que comer primero sin posibilidad de cambio de alimento o cantidad si no quiere o no le gusta… Y así otras tantas ideas más, afines a esta forma de pensar y actuar, que defienden la infancia como el momento donde educar al niño a que siga lo planteado por el adulto sin posibilidad de debatirlo y de ver la individualidad de cada uno.
En mi opinión los extremos nunca son buenos, y lo que es lo mejor para un caso no lo es para el otro, ya que como siempre digo, cada niño es único, aunque sea de la misma madre y el mismo padre y haya nacido en el mismo lugar, ya no será igual en condiciones que el hijo anterior, ya que será el segundo hijo y no estará solo como el primero. Así que cada caso debe tratarse como tal.
La flexibilidad en la crianza nos da más paz, ya que las ideas preconcebidas nunca suelen tener éxito.
Basta con que llevemos algo planeado para nuestro día para que el niño se comporte totalmente diferente y nada salga como habíamos planeado. Por eso es importante ser flexible y empatizar con el pequeño, poniéndonos en su lugar de Niño y siendo capaces de mirar a través de sus ojos.
Los niños necesitan varias oportunidades para aprender algo, para entenderlo, asimilarlo y adquirirlo como suyo. Si no somos capaces de flexibilizar y dar oportunidades el peque no comprenderá lo que está sucediendo ni la reacción del adulto.
Me gustaría poneros un ejemplo:
Un niño de dos años entra en un establecimiento y encuentra un montón de chucherías y aperitivos que llaman su atención.
Su hermano de cinco años le pide a sus padres que le compren una piruleta. Los padres acceden de inmediato y el niño de dos años al ver que su hermano tiene una piruleta dice que también quiere algo.
Los padres rápidamente le dicen al pequeño: «¿quieres una piruleta?, ¿quieres un chupa chups?, ¿quieres un caramelo?, ¿quieres un picapica?, ¿qué quieres hijo?, ¡dinos! ¡venga!».
El niño de dos años está mirando todo lo que hay y tratando de digerir las miles de preguntas que le hacen sus padres, añadido a la mirada del dependiente y de la gente de la fila que espera.
Los padres no entienden que tiene dos años sólo y, piensan que bastante que le están dando a escoger entre varias chucherías y encima no se decide.
Así que tras tanta pregunta le dicen: «Pues tu hermano ya se ha decidido y hay mucha gente esperando. El próximo día escogerás más rápido, que parece que hoy no quieres nada.»
El niño de dos años se queda confuso, no sabe muy bien qué pasa y cuando se quiere dar cuenta sus padres están yendo hacia la puerta y le dicen: «Vamos, que te quedas ahí solo. Tu verás, nosotros nos vamos. Adiós hijo. ¡Ay madre mía! ¡Hay que ver como estás hoy hijo!».
Y ahora yo os pregunto:
¿Qué pensáis de esta situación?
Quizás estéis pensando que eso no pasa normalmente y que es un caso raro, pero os aseguro que delante mío lo he vivido varias veces.
Seguro que los padres no creen estar haciendo nada mal y su intención no es mala frente al niño, simplemente piensan que le han ofrecido comprarle algo y encima no ha querido y además de todo ha montado una rabieta sin venir a cuento. Así que habrá que ponerle límites.
Aquí está la empatía de la que os hablaba.
A los niños hay que hablarles a su altura y darles un tiempo prudencial para responder, haciendo preguntas concretas y sencillas y dejando que respondan antes de la siguiente.
De este modo comprenderán lo que pasa y la situación que viven.
Si empleamos un tono brusco y tras una rabieta no acompañamos a los niños, no aprenderán a resolver sus conflictos.
Si tratamos de enfrentarnos a un problema con discusiones, tono de voz alta, insultos y malos gestos, reproducirán lo mismo a la hora de enfrentarse a sus propios problemas.
Si por lo contrario damos herramientas para enfrentarse a lo que viven, tendrán armas para comprender al resto, resolver problemas, ser empáticos, pacientes y sociables.
Los niños reproducen lo que ven y lo que viven y se enrabietan cuando no pueden resolver sus conflictos y no tienen herramientas.
La flexibilidad dentro de la convivencia es esencial. Para todos no sirven los mismos consejos y no todos hemos sido educados del mismo modo.
Por todo ello hay que respetar a aquellos que educan a los niños de un modo u otro pero siempre defendiendo la infancia ya que los niños son seres inocentes, llenos de alegría y con muchas ganas de absorberlo todo y comerse el mundo.
La flexibilidad en la educación, el respeto, la empatía y la comprensión son la base para entender la educación de cada uno y la que cada cual da a sus hijos.
Pensemos en lo que queremos que sean los niños de mayores. En cómo queremos que sean. Y tratemosles de la forma adecuada para que absorban lo bueno y se conviertan en algo mejor.
Hay muchos modos de poner límites y los gritos, los insultos, la violencia o el miedo no entran dentro de lo correcto y lo permitido para educar a un niño. Desde el cariño, la comprensión y el respeto llegaremos lejos y formaremos personalidades respetuosas, empáticas, cariñosas y comprensivas con el resto.

Crianza con respeto

Qué importante es la Felicidad de un niño.
Desde antes de que nazcan el entorno se encarga de ir organizándote y estructurándote cómo creen que debes llevar tu embarazo, tu crianza, la alimentación, la escuela que debes escoger, dónde debe dormir el bebé, agua sí o no… Y un largo etcétera que en cada caso es diferente.
Y cuando vives el Embarazo piensas, que nada de todo esto me salpique y que pueda vivirlo como yo escoja junto con mi pareja, que podamos criar y educar a nuestro bebé lo mejor posible pero siempre a nuestra manera, a nuestro modo de verlo… Ya que no es la manera de nadie más.
Y cuando llega el Bebé, tras una larga espera, donde te imaginas su cara, piensas en que haya salido todo bien y en que el parto sea rápido, todo se resume en querer darle lo mejor.
Tu primer Encuentro con él quieres que sea perfecto, que te lo dejen sobre el pecho, que se enganche a él, que te mire a los ojos, que puedas estar con él mil horas a solas…
En definitiva, Todo lo que buscamos es Protegerlo, como haría cualquier mamífero con su cría recién nacida.
Y el Instinto es esencial en toda esta parte. Yo no sabría decir por qué tomé ciertas decisiones sin ninguna base o sin tener en cuenta los miles de consejos que me daban pero como yo conocía a mi bebé no lo conocía nadie. Y está claro que debemos hacer caso a los profesionales, pero el instinto es esencial en la crianza.
Tu eres quien ve a tu hijo, quien lo ha llevado dentro, quien lo duerme y baña cada día, y eso nadie puede cambiarlo. Lo que tu has conseguido conocer de él, no lo ven el resto. Y quizás los demás vean otras cosas que tu no ves, pero quien más conoce al bebé son sus padres.
Poco a poco cuando el ritmo de sueño se va logrando y la alimentación está establecida a demanda y correctamente, empieza a aparecer gran cantidad de información y de nuevo el entorno próximo o lejano, comienza a cuestionar si el pecho es normal darlo a partir de los seis meses, si el bebé es ya mayor para dormir con los padres, si es malo cogerle cada vez que llora, si debe dormirse ya solo y no en brazos o si debe comer purés o sólidos (entre otros).
Todo en cada etapa tiene su público, y somos muy dados a opinar del resto sin pensar en lo que nosotros estamos haciendo o hicimos con nuestros hijos.
Y en definitiva yo reflexiono y me pregunto: ¿Qué es lo que todos buscamos? ¿Qué es lo que deseamos? ¿A dónde queremos llegar? ¿Qué nos encantaría lograr? La felicidad de nuestros hijos.
Y piensas, Yo le comprendo y le hago feliz a mi manera. Intentando darle lo mejor que tengo, fomentando un vínculo seguro entre ambos y dándole seguridad en todo su desarrollo. Enseñándole el mundo de mi mano, dándole de comer de mi pecho y durmiendo junto a sus padres, porque hay momento para todo, y él solo escogerá cuando está preparado para ello. De este modo su despegue será definitivo y no necesitará ir y venir en su decisión.
Sabrá que sus padres están siempre junto a él y respetan sus necesidades y le dan tiempo para ser Niño.
¡Qué importante es la Infancia!
Es nuestra base, es nuestro pilar para asentarnos sobre algo firme. Para crecer sanos tanto física como mental y emocionalmente.
Y el Respeto es esencial. Respetemos al resto, a los nuestros, a lo que escoja cada uno, porque nadie tiene la clave de lo perfecto ni de lo exacto. Cada uno lo hace como mejor sabe y cree que debe.
¡Feliz jueves a todos!