Entender las emociones, necesidades o acciones de otros, sin que coincidan con las propias, puede aprenderse mediante el ejemplo y la práctica diaria. Una capacidad beneficiosa que fortalece vínculos afectivos, ayuda al desarrollo emocional y previene el acoso.
La curiosidad en la infancia es el motor del desarrollo cognitivo y emocional. Dar respuesta a sus dudas constantes construye seguridad, pensamiento crítico y un vínculo inquebrantable.
Hay preguntas que resultan incómodas y nos cuesta abordar respecto a temas que no fueron acompañados en nuestra infancia, como el sexo o la muerte.
Hay temas que en según qué entornos aún resultan complejos de abordar. Hay quienes evitan hablar de ellos para no tener que dar respuestas que quizás les resulten poco cómodas o sencillas.
Hablar con nuestros hijos sobre temas como la identidad, la inmigración o el racismo puede parecer difícil, pero es esencial para su desarrollo emocional y social. Estas conversaciones nos permiten sembrar valores de empatía, respeto y diversidad desde la infancia, ayudando a formar personas conscientes, tolerantes y solidarias. Educar en la diferencia no solo transforma a cada niño, sino que construye una sociedad más justa e inclusiva.
Durante esta época navideña cuesta no centrarse en el consumismo y en el bombardeo de planes, actividades y otras costumbres que empiezan a ser el centro de la Navidad, dejando de lado aquello que realmente es esencia de estas fechas.
En este nuevo artículo que he escrito en la revista de Penguin Kids hablo de los valores, además de las costumbres y tradiciones que resultan imprescindibles en una Navidad conectada con lo emocional, las necesidades básicas y afectivas.
La autoestima es una de las claves en el desarrollo de la personalidad de una persona.
Aprender a sentirse seguro a través de un vínculo afectivo seguro en la infancia con las personas de referencia, padres, madres, etc., es muy importante para asentar las raíces del ser humano.