Respeto

Cada día me planteo más y más lo importante que es respetar la forma de crianza de cada uno, la manera de llevar a cabo la educación de los hijos, el modo de verlos y de tratarlos.
Será porque continuamente veo a gente que juzga al resto dentro del ambiente en que me encuentro. Gente que habla con libertad y sin pensar sobre lo que realmente hace la familia de al lado; gente que critica a gritos lo que los demás hacen sin verse a sí mismos en un espejo ni pensando en las necesidades del otro.
También es verdad que hay gente que parece que necesita criticar al otro para sobrevivir, para respirar y sentirse vivo, ya que si no lo hace explota o revienta.
Y nadie es perfecto y por supuesto que yo la primera, pero intentó ir aprendiendo a observar cada día más y a respetar lo que cada uno escoge, ya sea lactancia materna o de fórmula, colecho o dormir en cuartos separados, guardería o no, y así en un largo etcétera que envuelve y rodea la crianza de los niños.
Hacer autoreflexión y tratar de mejorar es esencial para crecer como ser humano.
Qué importante es escuchar, observar, oír, ver y saber callar y, apoyar. Nadie dice que sea necesario tener la razón o ni siquiera debatirla, no hay que llegar al punto de quién lleva razón o quién no, simplemente entender el buen hacer del de enfrente y no juzgar de forma continuada como si lo que nosotros hiciéramos fuera lo ideal y lo correcto y lo del resto estuviera mal o dañara al niño.
También es verdad que la experiencia personal cambia muchas de las ideas preconcebidas y hace que modifiquemos lo planeado por lo espontáneo, dejando que fluya lo que va surgiendo cada día sin planificar cada movimiento.
Es el niño el que acaba escogiendo muchas de las opciones que la vida le ofrece y los padres o los profesionales deben respetar y encauzar dichas decisiones para que sean las mejores en nuestro caso, sólo y únicamente en el nuestro.

La empatía

La empatía es la capacidad de saber ponerse en el lugar del otro y entender los sentimientos de éste como si fueran los nuestros.
Este aspecto pertenece a la inteligencia emocional del ser humano y se desarrolla desde que somos muy pequeños y durante toda nuestra vida, ya que puede modificarse siempre que lo trabajemos y queramos.
Es esencial fomentarlo desde la infancia, enseñándole al niño cómo somos capaces de ponernos en su lugar y dar prioridad a sus sentimientos cuando él nos lo demanda.
De igual modo según crece, debemos explicarle esto mismo con ejemplos, ya que es un concepto difícil de explicar para un niño.
En mis sesiones de psicomotricidad empleo mucho este ejercicio:
Cuando un niño pega a otro, le empuja, le quita algo o hace algo que no es adecuado le pregunto «¿A ti te gustaría que te empujaran/quitaran el juguete/pegaran…?» Y el niño de para unos segundos, piensa y contesta normalmente «No». De este modo se pone en los zapatos del otro, se mete en la realidad que el otro niño está viviendo y reflexiona sobre lo que está haciendo y modifica su conducta.
Igualmente sucede para cuando tiene una rabieta. Si somos capaces de dar palabra a lo que siente, o creemos que siente y demostramos empatía con sus sentimientos, el pequeño comenzará a sentir que le comprenden y a saber expresarlo mejor.
El ejemplo es la mejor manera de enseñar algo a los niños.
La empatía es muy importante para saber convivir en la sociedad, ser un ser social, que se relaciona con los otros sin pensar sólo en sí mismo y sus sentimientos.
Realizando esas preguntas a los niños y a nosotros mismos seremos capaces de tener mayor empatía a la hora de estar con el resto y comprender al de enfrente.

Respetar el contacto

Que importante es para el adulto complacer sus necesidades sin darse cuenta de cuáles son las del niño.
Cuando un bebé nace y tiene tan solo horas recibe muchas visitas de familiares y amigos de la familia. Hay algunos más cercanos y otros que acuden por compromiso. Ahí cada uno debe medir la cantidad de gente que quiere que acuda al hospital y quiénes deben ir allí o a casa cuando ya hayan pasado unos días, dependiendo del grado de cercanía y la relación.
En casi todos los casos hay gente que tiene la necesidad de coger al niño sin pensar en cuáles son las necesidades reales del bebé y de la mamá.
Es difícil poner límites a aquellos que se lanzan a coger al peque pero es importante dejar claro cuáles son las necesidades del recién nacido en este momento tan importante.
A veces hay que ser claros y explicar que no es momento de complacer a los adultos sino al recién llegado al mundo.
Lo mismo va sucediendo según éste va creciendo. Son muchos los que piden coger, besar, abrazar al niño en los encuentros. Está claro que es importante medir quiénes son los que lo demandan, ya que abuelos, tíos o amigos muy cercanos tienen ganas de demostrar el afecto al niño de este modo y sienten gran ilusión por besar y tocar al bebé, como es lógico y comprensible.
Otros sin tanta cercanía tienen su propia necesidad y no respetan la del niño. Y esto incomoda mucho al peque ya que se enfada, extraña y se ve separado de su madre sin comprender nada de lo que está pasando.
Pedir permiso al niño a través de la lectura de las señales que nos emite a la hora de acercarnos a él es lo que mejor nos va a aclarar cuál es el momento adecuado para este contacto.
Respetar cada momento del niño y de la mamá es esencial para elegir el momento correcto para ofrecer cariño al bebé, ya que a la hora de mamar no es adecuado acariciar o besar a un niño que no es el nuestro, por ejemplo. Simplemente siguiendo normas básicas y siendo cautelosos aprenderemos a respetar los tiempos del niño y a conocer cuál es el momento para cada cosa.

Respuesta al llanto

Hoy quiero hablaros sobre algo que se plantea en mi día a día, tanto a nivel profesional como personal.
Hay varias corrientes que hablan sobre cómo hacer que el niño deje de llorar y se calme solo, y explican que la mejor solución es ir dejando al niño cada día períodos de tiempo más largos cuando llore, es decir, si le dejamos en la cuna y llora, esperar el primer día unos minutos y luego ya acudir a su llamada e ir dejando cada vez más tiempo paulatinamente hasta que acabe calmándose un día por sí mismo.
Otras líneas van por el lado más extremista y hablan de dejar al niño llorar hasta que se calme por sí mismo sin acudir a su llamada, ya que esto hará que deje de llorar a los pocos días porque no recibe respuesta alguna al llanto.
Por último, comentar que hay otra vertiente que explica que el llanto del niño debe ser atendido cada vez que existe, ya que es su forma de comunicarse con el entorno y los niños no lloran porque sí, sino como llamada al adulto, para recibir cariño, contacto, alimento o calma.
Los niños no nacen teniendo las herramientas adecuadas para ser autosuficientes y necesitan de sus padres para calmarse, aprender a dormir, comer, sentir calor, sentirse limpios, etc.
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La primera corriente que os he comentado, es intermedia a mi manera de entender, ya que no consiste en no atender al llanto sino en ir dejando que el niño vaya aprendiendo a calmarse solo. En mi opinión no es la manera de hacerlo, ya que el peque deja de llorar porque no le atienden y se cansa, porque es pequeño y acaba durmiéndose a falta de atención.
El segundo método me parece inadecuado en todos los casos, ya que dejar llorar a un bebé para que aprenda desde que nace a no llorar, resulta egoísta por parte del adulto. Simplemente para que el pequeño no moleste, le dejamos berrear unos días y cuando sienta que su llanto no va a ser atendido bajo ninguna circunstancia, dejará de hacerlo. Pero es lógico, ¿quién seguiría llamando a alguien de mil formas si jamás es atendido? Imaginaros estar llamando a vuestra pareja: «Juan, Juan, cariño, Juan, ¡oye!, ¡Juaaaaaannnn!, ¡Juanitooooooo! ¿Me oyeeeesss? …» Si os pasa esto tres días seguidos o mucho menos tiempo, lógicamente pensaréis que estáis perdiendo el tiempo llamando a vuestra pareja, porque de ninguna manera os hace caso y parece que ni os escucha.
Lo mismo le sucede a los niños. Su herramienta primaria de comunicación es el llanto. Si no atendemos a las señales previas a éste ni al llanto en sí, deja de realizarlo porque no es útil ni funcional para comunicarse con su entorno.
Después de tantas teorías, cada uno debe escoger la suya propia y defenderla si está seguro de la decisión que toma.
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Lo que yo tengo claro es que la última teoría es la que yo escojo con los niños con los que realizo terapia y con mis propios hijos, ya que el llanto para mi es su modo de expresarme que algo no va bien, que no están cómodos, que tienen sueño, hambre o se sienten sucios o simplemente que necesitan cariño y estar en brazos.
Hay gente que denomina a esto consentir al niño, no ponerle límites y seguir las reglas que él decide. Yo, por el contrario, creo que es esencial atender a las demandas del bebé para que poco a poco sienta seguridad y confianza en sus padres y se vaya él solo separando de ellos sin imponerle ser maduro desde que nace.
Ningún mamífero deja llorar a sus crías para ver si así maduran antes y se hacen autónomas e independientes y dejan de molestar con el llanto lo antes posible.
Creo que como profesional yo escogí esta carrera y esta práctica y eso incluía sonrisas por parte de los niños y llantos que hay que atender. Sino podría haber escogido otra profesión.
Lo mismo me sucede pensando en la maternidad. Si pensé en ser madre y ahora lo soy, sabía que tendría que atender a mis hijos a cualquier hora y en cualquier circunstancia, y sería muy egoísta pensar que el sacrificio debe hacerlo el bebé en lugar del padre, porque yo no esté dispuesta a estar con el bebé a todas horas.
Es decir, para que yo no aprenda a calmar el llanto del bebé y no me moleste, debe molestarse el bebé y aprender él solito a calmarse con tan solo días. Muy lógico a mi no me parece y ¿vosotros que pensáis?

La importancia de la despedida

Ya sabemos que a ninguno le suele gustar despedirse de alguien al que quiere. En alguna ocasión ya he comentado algo sobre este tema pero hoy me gustaría profundizar más.

Cuando tenemos que despedirnos de nuestro bebé o nuestro niño o niña para ir a trabajar o para separarnos un rato por el motivo que sea, a veces se hace costoso, ya porque le cueste a los padres o porque el niño ya sea consciente de lo que esto supone y lo sufra y muestre o porque les cueste a ambos.

En muchas ocasiones las familias esperan a que los niños estén dormidos o despistados para dejarles con el cuidador, el familiar o en la guardería y así poder irse sin vivir esa experiencia de separación tan difícil y costosa. Desde mi conocimiento y experiencia profesional aconsejo que esto no se haga, ya que los niños en ese momento preciso no sufren por la despedida ya que no son conscientes de la separación que se está dando pero al despertarse o situarse estarán confusos, desorientados y sin saber dónde están sus padres, los que le dejaron durmiendo o jugando un rato.

Su sentimiento es el de angustia, miedo, engaño o enfado, y aunque no veamos lo que sienten, lo sufren igual pero no estamos con ellos para explicarles lo sucedido, darles consuelo y acompañar su emoción.temp Seguir leyendo