Comparto con vosotros mi nuevo artículo en El País, en la sección de expertos, donde os hablo sobre el valor de la paciencia y cómo favorecerla en el día a dia.
La paciencia es algo que cada vez nos cuesta más integrar y adquirir dentro de nuestra sociedad, ya que el ritmo de vida que llevamos es frenético, rápido e inmediato.
En este artículo te doy algunas claves para acompañar a los niños y a las niñas en adquirir esta virtud y fomentarlo también incluso en los adultos.
Desde hace años se habla de los términos mamitis o papitis con ligereza, entendiendo que el niño demanda continuamente la compañía y la atención de uno de sus progenitores o los dos.
Pero, ¿por qué surge esta demanda? ¿Qué ocurre de base en el cerebro del niño para que se comporte así y necesite del acompañamiento del adulto?
Siempre que observamos un comportamiento en el niño, tiene unas raíces y un por qué, no es en vano ni casual, sino que parte de una lógica y una naturaleza que tiene un fin concreto.
El niño que se comporta de manera disruptiva puede —seguro— que nos esté queriendo decir algo, como explicaba en este artículo.
Pero cuando también nuestros hijos e hijas nos demandan más, están pegados a nosotros como si de una pegatina se tratara y les es costosa la separación, existe una explicación y debemos abordar la causa para poder acompañar esta emoción adecuadamente, cubriendo las necesidades de nuestro pequeño.
En mi nueva colaboración para El País, os cuento de qué se trata la llamada mamitis o papitis y cómo podemos acompañar a nuestros niños en este momento vital.
Y tan sólo recordar que la conducta del niño tan sólo es la punta del iceberg, es decir, es la señal que nos hace empezar a ver que hay algo más allá detrás de su comportamiento y que precisa de nuestro acompañamiento para poder dirigirse y ser comprendido.
En muchas ocasiones, a lo largo de la crianza y la educación de nuestros hijos e hijas nos encontraremos con la sensación de que nuestros hijos nos echan un pulso y nos están retando pero, ¿es esto del todo cierto?
Conociendo el desarrollo del cerebro del niño y de la niña y todo lo que la neurociencia nos puede explicar sobre este tema, podemos afirmar que esto no es cierto, ya que los niños y las niñas no tienen la capacidad para razonar y actuar en consecuencia como lo haría el adulto con su desarrollo cerebral.
Te explico en este nuevo artículo que he escrito para El País, qué es lo que sucede dentro del cerebro del niño, el por qué de su comportamiento, cómo podemos acompañarle y qué hacer cuando se dé esta conducta.
Desde hace décadas castigar sin recreo es un clásico ante aquel alumno que no sigue las normas o los límites del centro educativo pero, ¿es esto eficaz?
¿Dejan de saltarse las normas aquellos niños o niñas que se quedan sin recreo?
Lejos de conseguir el efecto deseado, los castigos consiguen todo lo contrario, ya que el niño o la niña que está castigado siempre suele ser el mismo, por lo que el castigo estaría siendo ineficaz, pero aún así se sigue aplicando generación tras generación.