Cuando tenemos más de un hijo el temazo principal son las peleas entre hermanos.
Es un tema que desgasta mucho a las familias y en el que muchas veces no sabemos cómo actuar para hacerlo adecuadamente.
Aquí te dejo un nuevo Post con el club de Malasmadres donde te cuento cómo hacerlo, cómo acompañar estos momentos y qué hacer, paso a paso para disminuir el estrés que esto supone, y acabar con la dinámica que se genera en torno a ello.
Además te dejo unos cuentos que pueden ayudar en la gestión de este reto.
En el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, me encantaría recordarte qué es el Autismo, sus principales rasgos (o los más comunes), cuáles son los símbolos que lo representan (pieza de puzle, color azul o el infinito en color arco iris), y 10 cuentos sobre diversidad que hablan de Autismo y mucho más.
A veces nos centramos en educar a nuestros hijos de una manera positiva sin darnos cuenta de que la educación positiva no es premiarles y alabar todo lo que hacen, sino saber acompañar con límites, respeto y afecto su desarrollo.
Cuando nos acercamos más a educar de una manera consciente, estando presentes y disponibles cuando nuestros hijos e hijas nos necesitan, aprendemos a detectar sus necesidades y a vivir en una armonía mayor.
Esto nos facilita esa conexión y favorece nuestro vínculo, haciendo que todos nos beneficiemos de ello.
Alentar es uno de los puntos en los que debemos reforzar nuestro modo de acompañar y educar a nuestros pequeños.
Tendemos a pensar que al tener un hijo o una hija, es nuestro hijo.
A veces no nos damos cuenta de que esto no es en realidad cierto hasta pasados unos años o incluso hay quien no es capaz de verlo a lo largo de toda la vida.
Haber traído al mundo a un ser humano, no nos da derecho a elegir por él, pensar por él, hacer por él o vivir por él.
Para comprender esto, valdría con pensar en cualquier otra persona del mundo respecto a nosotros, es decir, una pareja, un familiar, un amigo o un conocido. En estos casos seguro que sí tendríamos en cuenta sus opiniones, sus decisiones, sus gustos o intereses, sin anteponer la posesión y la pertenencia que nos adjudicamos al emplear la palabra hijo o hija.
Cuando pensamos en la idea de tener un hijo o una hija, mil ideas nos vienen a la cabeza y nos invaden los pensamientos, nuestras ilusiones, nuestros deseos, la idealización de un bebé que se convierte en niño, adolescente y adulto perfecto, sano, educado, que cumple todos los estándares que teníamos en nuestra mente, sin salirse de ellos en ningún caso.
Esto es muy beneficioso para la sociedad, ya que estos pensamientos favorecen el crecimiento poblacional y la natalidad, ya que nos impulsan a pensar en lo positivo de procrear como especie y no en aquello que pueda frenarnos a ello.
Sin perder de vista la importancia que esto tiene y lo positivo que es, también es esencial que pongamos los pies sobre la tierra y tengamos expectativas mínimas, que se puedan ver cumplidas o que mejor aún, se puedan ver cambiadas sin hacernos sentir decepción o fracaso.
Aquí te dejo mi nueva colaboración con el club de malasmadres, donde te hablo sobre las expectativas que tenemos sobre nuestros hijos e hijas, lo que influyen en su crecimiento y cómo podemos gestionarlo adecuadamente.