Al comienzo del curso, tras varios días de clase, algunos niños y niñas empiezan a dejar de ir contentos como iban al inicio o a dejar de querer hablar del cole.
¿A qué se debe esto? ¿Son las llamadas regresiones? ¿Qué podemos hacer para ayudarles?
Aprender a llevar el inicio de curso del mejor modo posible hará que las fuerzas y las energías de los menores estén enfocadas en lo verdaderamente esencial. Descubre las siete claves para hacerlo con buen pie.
Lo que para ciertos sectores del ámbito pedagógico resulta una herramienta de refuerzo indispensable, para otros se ha transformado en una carga desproporcionada que genera conflictos en el hogar.
Uno de los aspectos que más preocupan a los padres es la falta de respuestas de los hijos ante las preguntas cotidianas. Los niños y las niñas tienden a contestar con monosílabos o con una sola palabra ante cuestiones que a las familias les gustaría abordar con mayor profundidad y detalle. En muchas ocasiones son los adultos quienes esperan una respuesta diferente ante la misma conducta rutinaria, sin darse cuenta de que la dinámica no puede modificarse si el cambio no se origina en ambas partes. Es decir, para que la respuesta del niño sea distinta a la habitual es el adulto quien debe iniciar el cambio de la dinámica desde el origen.
Desde hace décadas castigar sin recreo es un clásico ante aquel alumno que no sigue las normas o los límites del centro educativo pero, ¿es esto eficaz?
¿Dejan de saltarse las normas aquellos niños o niñas que se quedan sin recreo?
Lejos de conseguir el efecto deseado, los castigos consiguen todo lo contrario, ya que el niño o la niña que está castigado siempre suele ser el mismo, por lo que el castigo estaría siendo ineficaz, pero aún así se sigue aplicando generación tras generación.