Qué hacer cuando los niños muerden y/o pegan

Hoy te cuento en el Club de Malasmadres cuáles son los principales motivos por los que un niño pega o muerde, qué hacer ante tal conducta y cómo prevenirlo.

Hoy vengo a hablaros de ese momento tan temido, ese momentazo donde te enfadas con tu hijo, le niegas algo o le pones límites y, de repente, te pega un bocado o te da un manotazo; así, sin comerlo ni beberlo. Y empiezas a preguntarte qué ha pasado para llegar a este punto, dónde está tu bebé que hace dos días se movía a tu antojo y no sabía decir “no”.

Y de la mano aparece el sentimiento de culpa. Y te planteas si tu hijo te ha mordido porque va a la guardería o si es porque pasa mucho tiempo contigo y, las dudas te invaden y te hacen cuestionarte a ti misma.

Por eso hoy vengo a desmontar todo esto, a daros otra visión de estas conductas, para que comprendáis que es un proceso natural del niño, que aparece con mayor frecuencia de lo que creemos y que no viene asociado a “niños malos”, como siempre se nos ha hecho creer.

Tenemos que partir de la base de que nuestro bebé está madurando y, por lo tanto, empieza a ser un ser independiente y que gana autonomía y quiere explorarlo todo. Esto sucede a partir del año y pico y se prolonga en el tiempo dependiendo del niño, la familia y su entorno.

Esto es importante para que entendáis que los niños que pegan o muerden desde el año hasta los tres o incluso los cuatro años, no lo hacen con la intención de agredir físicamente ni de hacer daño sino con otras intenciones que os explico más adelante.

Para que comprendáis bien estas conductas, lo primero es saber los motivos por los que nuestro hijo está pegando o mordiendo.

En esto es en lo único en lo que yo encuentro diferencia respecto a las dos conductas, ya que morder y pegar van muy de la mano, aunque es bueno diferenciarlos a la hora de explicar las posibles causas que llevan a tu hijo a hacerlo.

Un niño muerde:

1. Porque quizás solamente tenga hambre.

2. Puede estar saliéndole algún diente y esto le hace llevarse cualquier cosa a la boca y tener la necesidad de morder y frotar sus encías con cualquier cosa.

3. Imita la conducta en otros niños.

4. Siente frustración por: no poder hacer algo, por no saber pedir ayuda, por no recibir la atención que en ese momento necesita, por no tener lenguaje para expresarse y decir lo que quiere con palabras y entonces recurre a lo más primario, a morder, como cualquier otro mamífero.

5. Llama la atención de la manera que puede, por celos, por ejemplo.

Un niño pega:

1. Porque imita a otros sin saber que es algo malo.

2. Siente frustración, incomprensión…

3. Quiere llamar nuestra atención.

Si aquí sigues leyendo porque te sientes identificado con lo que cuento, estarás preguntándote y “¿entonces qué hago para prevenirlo?”.

Pues si tu hijo es de los que ni muerde ni pega, ¡Enhorabuena!, pero te aconsejo que tengas claras ciertas herramientas para prevenir que lo haga, ya que como ves en las causas de por qué lo hacen, es bastante común que un niño se sienta de alguna de esas maneras a lo largo de su infancia.

¿Cómo puedes prevenirlo?:

1.Intentando anticiparte a aquellas cosas que le hacen morder o pegar. Como ya sabemos que no podemos controlar el mundo (ni lo pretendemos), intentaremos controlar lo que esté a nuestro alcance. Si crees que si le dices “no” a algo te responderá pegando o mordiendo, agáchate a su nivel y cogiéndole de las manos suavemente le dices que eso no está bien. Al tenerle contenido con tus manos, ya previenes que te pegue y puedes sujetarle para que no muerda.

2. Dando mensajes claros y directos, sin dar vueltas ni muchas explicaciones. El lenguaje es uno de los principales motivos por los que los niños se frustran y tienden a agredir. No saben cómo expresar enfado, rabia, nervios o descontrol y su manera más primitiva o primaria es mordiendo o pegando. Por lo tanto, demos palabras a lo que sienten antes de que peguen. Puedes decir en voz alta: “Sé que estás enfadado; que quieres esto y no te lo doy; ¿necesitas ayuda?”, lo que creemos que diríamos nosotros en esa situación si estuviéramos en la piel del buenhijo. Esto previene que llegue al límite de pegar.

3. Si prometemos cumplimos, es esencial, aquí nuestra palabra no puede fallar; porque si no perdemos credibilidad y el ansia y la frustración aparecen.

4. Acompaña en el enfado al buenhijo, no le amenaces con irte, con comportarte peor que él, en definitiva. No puedes enseñar a que respeten sin respetar, a no pegar pegando o a morder mordiendo. Cuántos adultos he visto que dicen “No pegues” a la vez que dan un cachetazo al niño en la mano o en el culo. Muy buen mensaje no es, y además poco claro para el niño. Recordemos que son imitadores natos y lo copian todo, y parece que lo malo antes que lo bueno.

Ahora puede que estés realizándote una pregunta: “Y si mi buenhijo ya pega o muerde, ¿qué hago?”. Pues sobre todo, aunque suene a tópico y a imposible, tratar de sacar paciencia de donde no la haya y aplicar estas estrategias, que con constancia y repetición nos serán muy útiles para enfrentarnos a un proceso madurativo habitual, pero que queremos que cese y no vaya más allá.

¿Qué hacer si ya lo hace?

1. Reacciona, es hora de poner límites de forma amable, firme y calmada. Hay que proteger sobre todo que no se hagan daño ni se lo hagan a nadie.

2. Empatiza con tu hijo y piensa por qué acaba de hacer esto. Tenga o no razón, no cambiará nuestra reacción, ya que pegar o morder no está contemplado bajo ninguna excepción, pero sí que hay que pensar que los motivos son importantes para comprender a nuestro hijo.

No es lo mismo que pegue porque un niño le ha quitado su juguete, que lo haga porque él se lo ha quitado al niño. Nuestro acompañamiento es darle estrategias para no repetir la conducta. Si el peque ha quitado algo a otro niño, le explicaremos que no es su juguete y que tiene que devolverlo, como a él le gustaría que hicieran. Si el juguete es suyo y se lo han quitado, le explicaremos cómo puede pedírselo al niño sin pegar, con palabras, que entendemos que esté enfadado, pero no pegando o mordiendo.

3. No hagas lo que no te gustaría que repitiera. No le pegues, no le grites, no hagas cosas que no son un modelo para tu hijo. Además piensa que no lo hace por molestarte o hacerte desesperar, sino por lo antes explicado. Si consigues verlo así, tienes mucho ganado.

4. Bájate a su nivel y mirándole a los ojos dile claramente “no” y explícale de una forma sencilla que no se pega o muerde. Insistir es esencial y como ellos no tienen conciencia de tiempo tienen mucha más paciencia que nosotros, así que ánimo, piensa que en unos meses habrá pasado.

5. Si pega o muerde en otro espacio, no es tu responsabilidad. Si la abuela, la profe o el tío te cuentan que ha pegado estando con ellos, dales este post y a seguir. No es responsabilidad tuya volver al tema cuando ya ha pasado. No regañes al peque por algo que ni has visto y que pasó hace tiempo, porque estarás hablándole en chino. Los niños (1-3 años) comprenden causa-efecto de forma inmediata, no comprenden que estés enfadado por algo que pasó hace horas, no saben relacionarlo.

Y si todo esto no funciona o no te ves con fuerzas, lo mejor es que dejes a tu hijo un rato con alguien que se encuentre con más fuerzas o paciencia que tú, o simplemente retírate o trata de mantener tu atención en otra cosa. No te hagas responsable de tal conducta. Y, sobre todo, ten en cuenta que les sucede a muchos niños, vayan o no a la guardería, tengan o no hermanos, etc.

Estas conductas son fruto de los cambios madurativos de los niños, que tienen que adaptarse rápidamente a todo lo que van conociendo y aprendiendo, y hacerse mayor cuesta, pero todo pasa, piensa sólo en eso, ¡es tu única esperanza!

Puedes compartir tu experiencia con todos y yo misma contestaré a tus dudas o propuestas.

¿Qué puedo hacer con un año?

Como ya os conté hace unos días en este post, los niños a partir de los doce meses son más autónomos e independientes y comienzan a explorar por sí mismos como nunca antes habían hecho.
Para ello me gustaría que tuvierais en cuenta que siguen siendo peques o bebés, aunque empiezan a descubrir que son capaces de realizar muchas cosas con ayuda o al menos pueden tratar de intentar hacer tareas que antes eran impensables.
Cuando nos encontramos con peques de cuatro o cinco años que no han tenido la independencia o la libertad de realizar acciones o escoger por sí mismos (se sobreentiende que con ayuda), es porque se les ha sobre protegido o no se les ha dado la oportunidad de realizar el proceso de autonomía gradualmente, sino que de un día para otro el adulto encuentra que tiene un niño que podría realizar cositas solo y ahora tiene que comenzar de cero a esta edad tardía.
Y os preguntareis, ¿pero qué puede hacer un niño de un año, si es aún un bebé?
Yo os propongo que empecéis a involucrarle en las tareas del día a día en casa, siempre con ayuda y con sentido común, sabiendo que hay cosas peligrosas para él y que ni con ayuda podrá hacer.
Algunas de estas habilidades son:
– Ya puedo quitarme algunas prendas de ropa solito, como los calcetines, belcros, el gorro, ayudar a sacar brazos y piernas de la ropa…
– Puedo identificar vocabulario básico de mi entorno, como personas de la familia (papá, mamá, abuelo, abuela, tía…), juguetes (pelota, muñeca, cocinita o lo que use para jugar), objetos cotidianos (mesa, silla, carro, chupete, agua, comida…), acciones (ven, toma, dame, coge, come, bebe, juega, sienta, duerme…), espacios (casa, calle, cocina, baño, coche…) y mucho más.
– Puedo comprender órdenes sencillas y seguirlas. «Dame la pelota», «coge el muñeco del suelo», «quítate el zapato», «siéntate», etc.
– Puedo comenzar a ser consecuente con mis actos, es decir a guardar tras sacar, a coger algo que tiro al suelo, a llevar la ropa al cesto de la lavadora, a sacar mi cuchara para comer…
– Puedo comer solo, con mis manos, a mi manera, aunque me ensucie, pero puedo. Debemos dejar que experimenten esto para que aprendan  comer solitos más adelante con cubiertos, pero dándoles su tiempo.
– Puedo beber de mi vaso con boquilla sin ayuda.
– Puedo caminar sin ayuda cortas distancias y cada vez más largas.
– Puedo ayudar en el momento del baño, enjabonándome el cuerpo con ayuda y así conociendo mejor mi cuerpo según me nombran sus partes.
– Puedo garabatear en un papel, empezando a coger una pintura y tratando de seguir líneas como las que hace el adulto.
– Soy capaz de hacer encajes sencillos, ensartar aros en un soporte, poner piezas pequeñas en una base, meter monedas en una hucha, coger piezas pequeñas con la pinza digital…
– Puedo lanzar una pelota tras un modelo, o tratar de chutarla o rodarla a alguien.
– Puedo entender prohibiciones y llevarlas a cabo.
– Puedo permanecer en una misma actividad más tiempo que antes, realizando algo desde principio a fin con ayuda y motivación.
– Puedo ver un cuento con ayuda del adulto, tocando y pasando sus páginas.
Y además de esto miles de cosas más, ya que cada peque es único y diferente, y podrá hacer unas cosas u otras dependiendo de los hábitos que tenga y su entorno.
Esto son sólo algunos ejemplos de lo que podemos hacer con un niño de un año, empezando a hacerle más autónomo y consciente de su realidad.
Sobre todo quiero que tengáis en cuenta que cuando me refiero a un peque de un año, es desde los doce meses hasta los veinticuatro. Ya que cada uno lo realizará en una edad y un momento diferente.
Como siempre me gusta deciros, el desarrollo de cada niño es único y no debemos adelantarnos al momento que cada uno vive. Todo llegará y hay tiempo para todo.
Ahora sólo os queda disfrutar de vuestro bebé grande un añito.

¿A qué podemos jugar con un peque de un añito?

Hoy os quiero hablar de los juegos que podéis hacer con vuestros peques de un año.
Esta fase entre los 12-24 meses es realmente importante para los niños ya que hay una maduración espectacular en todos los niveles.
En esta etapa se observa el cambio de bebé a niño y podemos apreciar como la autonomía aumenta cada día.
Los niños ya no son tan dependientes y empiezan a experimentar por sí mismos sin necesidad de ser ayudados por el adulto. Les gusta probar y equivocarse y volver a intentarlo una y mil veces más.
Les gusta sentirse válidos por sí mismos, ganando confianza y autonomía en cada uno de sus intentos.
Para ello os voy a hablar de varias actividades que podéis hacer en casa para estimular todas las áreas del niño.
Hay mucha variedad de juegos en esta etapa pero lo fundamental es encontrar aquello que divierta a nuestro hijo y le guste para sus momentos de juego y entretenimiento.
Hay muchos ratos en los que los padres tienen que buscar aquello que les sirva para entretener al peque y a la vez ir haciendo ellos algo, pero en los ratos que decidamos dedicarle en exclusiva a nuestro hijo (los llamados momentos de calidad que expliqué aquí), deberemos proponerle una selección de juegos y que él mismo decida cuáles quiere realizar y que lo haga con libertad, ya que es su momento.
Para ello podemos ofrecerle juegos de manipulación (de los cuales os hablé también en este post), ya que es en esta etapa donde empiezan a ganar mayores destrezas a nivel manipulativo y comienzan a ser más hábiles con sus manos, logrando hacer cosas que antes no podían.
Para ello podemos ofrecerle encajes sencillos de formas concretas, como un círculo, un cuadrado, un triángulo o alguna otra forma básica. Al principio solamente los sacarán pero al poco tiempo comenzarán a encajarlos en su forma correspondiente.
 Encajes de Eddu Toys y Goula
También podemos jugar con el típico apilable de aros, para que comiencen a sacarlos y meterlos, por este orden, y aprendan a hacerlo según el tamaño. Esto les suele gustar mucho.
Aros de goula, Dideco
 
Las construcciones de madera suelen encantar a todos los niños. Proponen un juego libre y de imaginación donde cada uno crea y construye a través de sus ideas, siendo cada vez un juego nuevo.
Algo que suele encantarles es meter monedas en una hucha. Como el dinero es algo que contemplamos como peligroso y sucio, podemos hacernos con fichas de cartas, que las podemos encontrar en cualquier tienda de juguetes. Además de ser de colores, son de plástico y tienen el mismo tamaño de las monedas pero sí se pueden lavar.
Lo importante es comenzar intentándolo cuando el niño realice la pinza digital con sus dedos índice y pulgar. De este modo cogerá la ficha adecuadamente y para ayudarle le pondremos la ranura de la hucha en horizontal a sí mismo, como aparece en la imagen. Así será más sencillo y poco a poco podremos ir cambiando la postura para que se vaya haciendo más complejo.
Monedas o fichas de Poly y hucha de Carrefour
 
También os recomiendo los pinchitos de plástico de colores, que se ponen sobre la tablilla. Al principio podemos poner nosotros varios y pedirle al niño que los vaya quitando.
Es más sencillo quitar que poner, por lo tanto, empezaremos quitando.
Si observáis, lo habitual en los niños es quitar al principio los pinchitos en garra, y según van ganando calidad son más precisos, lográndolos quitar con la pinza digital.
Más adelante los pondrán ellos mismos, empezando por los más grandes y siguiendo por los más pequeños.
Pinchitos de Fantacolor, Dideco
También está el juego simbólico o pre-simbólico, donde el peque trata de comenzar a meterse en el papel de otro, a representar, comienza por imitar y luego sigue creando por sí mismo.
De este modo observaremos cómo se peina o trata de peinar a otros, da de beber o comer, acuna a un bebé, hace que limpia, habla por teléfono…
Es muy importante realizar este tipo de juegos en la infancia, donde el peque es capaz de representar, imaginar, empatizar con el otro, sentir o ponerse en el lugar de.
Para ello ofreceremos material que invite a ello, como muñecos, accesorios de muñeco, animales, teléfonos, objetos de profesiones…
Casita de Hape, cocina de Ikea, supermercado El Corte Inglés
Los cuentos son esenciales en esta etapa, me encantaría recordaros un post sobre cuentos que publiqué hace tiempo y os recomiendo esperar a fin de mes, que estoy preparando otro sobre cuentos de tacto.
Para mi los favoritos en esta etapa son los cuentos con ventanas, relieves, contrastes, distintas texturas, sonidos o estímulos, ya que atraen al niño y le hacen interesarse por la lectura, por la escucha, la atención conjunta, la permanencia en una misma actividad, el seguimiento de una historia o un personaje. Os recomiendo ir a la librería con el peque y hacer que escoja y busquéis cuál le gusta o llama la atención.
Libros de Toca Toca, Dideco     
 
La pelota comienza a ser muy atractiva a partir del año. Podemos comenzar a hacerla rodar hacia el niño y que él trate de soltarla voluntariamente, siempre con ayuda del adulto.
También podemos jugar a tirarla a una meta o a chutarla. Ya veréis cómo les gusta y cuando lo consiguen ¡qué contentos se ponen!
Las pompas de jabón pueden ser un gran entretenimiento para nuestros hijos, que nos harán favorecer la permanencia en una misma actividad, ya que les gustan mucho y suelen quedarse sentados mientras el adulto sopla para hacer pompas.
También potencia la espera y paciencia en el peque, mientras permanece esperando a que soplemos.
Es un momento que les suele encantar y que además con el tiempo podemos trabajar el soplido, algo que les alegrará aprender.
Hay muchísimos más juegos que podéis realizar en esta etapa (juegos de baño, instrumentos musicales, encajables en 3D, arrastres…), ya que no habría blog suficiente para escribir sobre todos ellos, pero en mi opinión, estos son los más comunes, aparte de los juguetes electrónicos con luces y botones de todo tipo y la importancia del juego en exterior, como en el parque, los columpios u otros entretenimientos.
¿Y vosotros a qué jugáis en casa? ¿Qué es lo que más les gusta a vuestros peques? ¿Os gustaría conocer juegos de alguna otra etapa?

Banco de bolas de Dideco

El banco de bolas es uno de esos juguetes ideales para los más pequeños. Ofrece gran cantidad de estímulos y a su vez es un juguete básico que invita a la manipulación y la exploración.


Desde el momento el niño se mantiene sentado sin apoyos y es capaz de coger objetos con sus manitas, puede empezar a usarse.
Está compuesto por un circuito de plástico de colores, cuatro bolas pequeñas y un martillo. 
Las bolas tienen el tamaño ideal para ser agarradas por las manitas del peque y a su vez ofrecen la seguridad de no caber en la boca de éste.

En la superficie del laberinto el niño tendrá que situar las bolas en cada uno de los agujeros que se observan en la parte superior.
Con el martillo deberá golpear las bolas hasta hacerlas caer y así observar cómo recorren el laberinto. De este modo se ve potenciado el juego causa-efecto. Al golpear, cae y recorre el laberinto. Su acción tiene una consecuencia inmediata sobre el juego.
Este tipo de juguetes están muy indicados en la primera infancia, ya que son llamativos y les encantan a los peques.
Muchas opciones de juegos y estímulo:
– Se pueden trabajar los turnos, algo que es esencial comprender y adquirir a lo largo de la vida.
La espera y la paciencia se verán fomentadas con este juguete.
Podemos jugar a tirar por turnos las bolas, haciendo que el peque tenga que esperar a que lo hagan el resto de miembros del grupo.
– Podemos aprender los colores que nos ofrecen sus bolas, pidiéndole al niño que golpee con el martillo la del color que le digamos.
– Se puede favorecer el juego en grupo, donde todos los miembros colaboren en equipo, participen y ayuden a aquellos que les cueste más. Es un juego ideal para jugar en familia, en estas fechas de fiesta que pronto llegan, donde los niños disfrutan jugando con sus padres y hermanos.
De hecho yo recomiendo que se juegue mejor en grupo que dejando al niño solo, ya que el pequeño puede no ser capaz de verle tantas posibilidades y esto puede hacer que repita continuamente el mismo juego de introducción de bolas, observación de la caída y recogida de las mismas, y así sucesivamente; siendo esta acción menos enriquecedora que las expuestas, ya que abstrae al niño del entorno y fomenta la repetición en bucle.
– Es un juguete genial para trabajar la precisión en la motricidad fina. Ya que el niño tendrá que golpear con el martillo sobre la bola para empujarla y hacerla caer por el circuito, por lo tanto necesitará trabajar la puntería, la fuerza exacta de golpeo y el agarre adecuado del martillo, que parece sencillo pero para los más chiquitines es complicado.
– La coordinación oculo-manual es parte fundamental del desarrollo en la infancia. Aprender a coordinar la vista con la manipulación es tarea complicada y este juguete ofrece una gran posibilidad de práctica en este aspecto. El niño debe aprender a calcular la distancia entre el martillo y la bola.
Edades de juego y evolución:
Bajo mi experiencia con el banco de bolas, recomiendo este juguete a partir de que el niño sea capaz de sentarse sin apoyos y a su vez pueda manipular con sus manos el juguete.
El mejor modo de juego es el suelo, ya que estará más bajo que sobre una mesa, y será más sencillo de manipular y explorar para el pequeño.
En mi opinión, al inicio el peque debe observar y analizar el juguete, siempre con ayuda y ejemplo visual. Los niños son capaces de comprender mejor las reglas si obtienen un ejemplo real de lo que deben hacer. Por lo tanto, jugar delante de ellos, ayudarles y acompañarles en el juego es el mejor modo de que comprendan y disfruten del juego.
Al principio puede ser difícil para ellos coordinar el golpe del martillo sobre las bolas, así que podemos modificar el juego ayudándoles a golpear o dejándoles que metan las bolas con sus propias manitas, de este modo su interés por el juguete irá aumentando poco a poco, en lugar de verse frustrado por la incapacidad de realizar algo muy complicado para ellos.
Las bolas pueden emplearse para jugar de más maneras, ya que son súper atractivas para los niños y son ideales de tamaño.
Al chocarlas entre sí el sonido que hacen les encanta. También botan mucho sobre el suelo y ruedan rápido. Todo son capacidades que a los niños les encanta dentro de un juguete.
Por último, añadir que el juguete es resistente a los golpes de los peques y a las caídas, algo muy positivo en un juguete de esta edad.
Los niños disfrutarán enormemente de éste y lo emplearán durante mucho tiempo.
Os invito a conocer el producto en su web http://www.dideco.es/producto/whacky-ball/  o en persona en vuestra tienda Dideco, donde podréis haceros con él y disfrutar como yo ya lo he hecho!

Cómo conocer nuevo vocabulario

Hoy me gustaría hablaros de algunos métodos para hacer que el niño conozca los primeros conceptos de su vida (aparte de papá, mamá…) y vaya adquiriendo cada vez más.
Desde mi experiencia profesional, los objetos en sí son los que mejor hacen conocer al niño su entorno y aprender de él. Los objetos físicamente son más sencillos de explorar y reconocer, recordar y memorizar.
Si ofrecemos una pelota a un niño y la toca, la explora, juega con ella, se la nombramos…, irá conociéndola y la nombrará para pedirla, para darla, para jugar…
Lo mismo sucederá con el resto de conceptos.

Si queremos que adquiera más vocabulario de otras maneras diferentes, encuentro muy atractivo ofrecerle libros sencillos con imágenes del día a día, como el libro «Mis primeras 100 palabras» de Beascoa.

Son imágenes reales de distintas familias semánticas: comidas, transportes, animales, colores, emociones, objetos cotidianos, de la casa…

Es muy llamativo para los pequeños, ya que tiene colores y son muchas imágenes pero cada una está en un recuadro diferente.

Es un libro muy sencillo con vocabulario básico, con tapas y hojas duras, fáciles de manipular por el niño que se pueden limpiar con un papel si se ensucian y es de tamaño grande.

También hay otra forma más personal de realizar esto mismo, de forma DIY, que tan de moda está, es decir, hacérselo uno mismo, sacando fotos a los objetos que queramos enseñar al niño y plastificarlas o hacer un álbum con ellas y, así podemos nombrárselas como si de un cuento personalizado se tratara.

Pero sobre todo, no olvidemos, que lo que el niño necesita es que el adulto le nombre los objetos del entorno cada día, en su vida cotidiana, dedicándole tiempo para hablarle, contarle, aunque creamos que es muy pequeño para entenderlo todavía.

El lenguaje debe estar presente desde el nacimiento. El tono de voz que empleamos, la expresión facial y corporal, las palabras, la melodía de la conversación…, todo ello, hace que el niño vaya adquiriendo su base para comunicarse.

Con estas actividades potenciamos la atención, la comprensión, la adquisición de nuevos conceptos, la interacción recíproca entre adulto y niño, los diálogos, la espera de turnos…  Y, sobre todo, la dedicación de tiempo al niño, que es lo más importante.