La importancia de la familia: Momentos de Calidad

Hoy en el Día del Juego os hablo de la importancia de disfrutarlo en familia, del papel de ésta en la infancia y del valor de los momentos de calidad.

¡Qué importante es la familia! Para los peques lo es prácticamente todo y de esto os hablo hoy en el nuevo post de Imaginarium http://www.lapuertapequena.com/la-recomendacion-del-experto/la-importancia-de-la-familia-momentos-de-calidad, donde os descubro qué son los momentos de calidad y cómo encontrar un momento para cada cosa de forma sencilla y con el fin de dar lo mejor a nuestros peques.

¿Y vosotros cómo disfrutáis de vuestros peques? ¿A qué les gusta jugar con vosotros? Cuéntanoslo!

Descubriendo «El Monstruo de Colores»

Hoy os quiero hablar de un libro que recomiendo muchísimo a las familias para comprar a sus peques de dos, tres o más años: EL MONSTRUO DE COLORES.

Cuando aparece la temida etapa de las rabietas, todos nos hacemos las mismas preguntas: «¿Qué le pasa? ¿Qué puedo hacer? ¿Cómo hacer que no suceda? ¿Cómo gestiono la rabieta? ¿Cómo hacer que exprese sus emociones de forma adecuada?…»

Para ello hay muchos libros dentro de la literatura infantil que poco a poco os iré contando y descubriendo para que podáis escoger el más acertado a vuestra situación o problemática y encontrar apoyo con este material.

IMG_4139

DESCRIPCIÓN

Hoy os voy a hablar de «El monstruo de colores» de Anna Llenas, Editorial Flamboyant.

Se trata de un cuento corto de tapas duras que habla de las diferentes emociones que siente el protagonista, el Monstruo, cuyos sentimientos no sabe identificar y se siente raro, se encuentra hecho un lío y con todos revueltos entre sí.

Por ello llega su amiga y le ayuda a identificar cada sentimiento o emoción y a poner cada uno en un tarro distinto, para así tenerlos separados e identificados, sin mezclarlos.

A lo largo del relato el Monstruo va identificando cada emoción una por una y la pone en el bote correspondiente, asociando cada emoción a un color.

Cuando el Monstruo habla de cada emoción, la describe brevemente para que el niño que ya lee o el adulto le ayude a identificar cada sentimiento y comprender el relato.

Habla de la alegría, que la guarda en un bote amarillo; la tristeza asociada al color azul; la rabia al color rojo; el miedo al color negro; la calma al color verde; y por último el monstruo aparece de color rosa, insinuando el amor o la felicidad.

IMG_4140

El cuento termina con el Monstruo sonriente, de color rosa, por haber conseguido identificar sus emociones y haber sabido ponerlas por categorías.

MORALEJA

Lo que este cuento trata de enseñar al niño es a poner palabras a sus emociones, ya que en cada emoción el Monstruo y la niña describen lo que se siente. Esto hará que los peques sean capaces de verbalizar sus sentimientos e idenficarlos, evitando las rabietas, la confusión o el desconcierto.

Ser capaz de expresar lo que uno siente evita llegar al límite de la rabieta, el enfado excesivo, el llanto o la agresividad (algo que también puede suceder como os contaba en este post).

IMG_4141

La moraleja del cuento es esa: ser capaces de ordenar e identificar los sentimientos nos dará seguridad y nos hará más felices, tranquilos y calmados.

CONCLUSIÓN

Un libro muy recomendable, ya que es esencial para la etapa de la reafirmación y el «no», que suele darse de los dos a lo tres años o incluso a veces antes.

Esencial para comprender e identificar emociones.

Se puede emplear como apoyo al dar calma al niño tras haberse enfrentado a una rabieta o de libro de lectura diaria por la noche, por ejemplo, sin tener que usarse como apoyo.

PUEDES COMPRARLO AQUÍ.

Qué hacer cuando los niños muerden y/o pegan

Hoy te cuento en el Club de Malasmadres cuáles son los principales motivos por los que un niño pega o muerde, qué hacer ante tal conducta y cómo prevenirlo.

Hoy vengo a hablaros de ese momento tan temido, ese momentazo donde te enfadas con tu hijo, le niegas algo o le pones límites y, de repente, te pega un bocado o te da un manotazo; así, sin comerlo ni beberlo. Y empiezas a preguntarte qué ha pasado para llegar a este punto, dónde está tu bebé que hace dos días se movía a tu antojo y no sabía decir “no”.

Y de la mano aparece el sentimiento de culpa. Y te planteas si tu hijo te ha mordido porque va a la guardería o si es porque pasa mucho tiempo contigo y, las dudas te invaden y te hacen cuestionarte a ti misma.

Por eso hoy vengo a desmontar todo esto, a daros otra visión de estas conductas, para que comprendáis que es un proceso natural del niño, que aparece con mayor frecuencia de lo que creemos y que no viene asociado a “niños malos”, como siempre se nos ha hecho creer.

Tenemos que partir de la base de que nuestro bebé está madurando y, por lo tanto, empieza a ser un ser independiente y que gana autonomía y quiere explorarlo todo. Esto sucede a partir del año y pico y se prolonga en el tiempo dependiendo del niño, la familia y su entorno.

Esto es importante para que entendáis que los niños que pegan o muerden desde el año hasta los tres o incluso los cuatro años, no lo hacen con la intención de agredir físicamente ni de hacer daño sino con otras intenciones que os explico más adelante.

Para que comprendáis bien estas conductas, lo primero es saber los motivos por los que nuestro hijo está pegando o mordiendo.

En esto es en lo único en lo que yo encuentro diferencia respecto a las dos conductas, ya que morder y pegar van muy de la mano, aunque es bueno diferenciarlos a la hora de explicar las posibles causas que llevan a tu hijo a hacerlo.

Un niño muerde:

1. Porque quizás solamente tenga hambre.

2. Puede estar saliéndole algún diente y esto le hace llevarse cualquier cosa a la boca y tener la necesidad de morder y frotar sus encías con cualquier cosa.

3. Imita la conducta en otros niños.

4. Siente frustración por: no poder hacer algo, por no saber pedir ayuda, por no recibir la atención que en ese momento necesita, por no tener lenguaje para expresarse y decir lo que quiere con palabras y entonces recurre a lo más primario, a morder, como cualquier otro mamífero.

5. Llama la atención de la manera que puede, por celos, por ejemplo.

Un niño pega:

1. Porque imita a otros sin saber que es algo malo.

2. Siente frustración, incomprensión…

3. Quiere llamar nuestra atención.

Si aquí sigues leyendo porque te sientes identificado con lo que cuento, estarás preguntándote y “¿entonces qué hago para prevenirlo?”.

Pues si tu hijo es de los que ni muerde ni pega, ¡Enhorabuena!, pero te aconsejo que tengas claras ciertas herramientas para prevenir que lo haga, ya que como ves en las causas de por qué lo hacen, es bastante común que un niño se sienta de alguna de esas maneras a lo largo de su infancia.

¿Cómo puedes prevenirlo?:

1.Intentando anticiparte a aquellas cosas que le hacen morder o pegar. Como ya sabemos que no podemos controlar el mundo (ni lo pretendemos), intentaremos controlar lo que esté a nuestro alcance. Si crees que si le dices “no” a algo te responderá pegando o mordiendo, agáchate a su nivel y cogiéndole de las manos suavemente le dices que eso no está bien. Al tenerle contenido con tus manos, ya previenes que te pegue y puedes sujetarle para que no muerda.

2. Dando mensajes claros y directos, sin dar vueltas ni muchas explicaciones. El lenguaje es uno de los principales motivos por los que los niños se frustran y tienden a agredir. No saben cómo expresar enfado, rabia, nervios o descontrol y su manera más primitiva o primaria es mordiendo o pegando. Por lo tanto, demos palabras a lo que sienten antes de que peguen. Puedes decir en voz alta: “Sé que estás enfadado; que quieres esto y no te lo doy; ¿necesitas ayuda?”, lo que creemos que diríamos nosotros en esa situación si estuviéramos en la piel del buenhijo. Esto previene que llegue al límite de pegar.

3. Si prometemos cumplimos, es esencial, aquí nuestra palabra no puede fallar; porque si no perdemos credibilidad y el ansia y la frustración aparecen.

4. Acompaña en el enfado al buenhijo, no le amenaces con irte, con comportarte peor que él, en definitiva. No puedes enseñar a que respeten sin respetar, a no pegar pegando o a morder mordiendo. Cuántos adultos he visto que dicen “No pegues” a la vez que dan un cachetazo al niño en la mano o en el culo. Muy buen mensaje no es, y además poco claro para el niño. Recordemos que son imitadores natos y lo copian todo, y parece que lo malo antes que lo bueno.

Ahora puede que estés realizándote una pregunta: “Y si mi buenhijo ya pega o muerde, ¿qué hago?”. Pues sobre todo, aunque suene a tópico y a imposible, tratar de sacar paciencia de donde no la haya y aplicar estas estrategias, que con constancia y repetición nos serán muy útiles para enfrentarnos a un proceso madurativo habitual, pero que queremos que cese y no vaya más allá.

¿Qué hacer si ya lo hace?

1. Reacciona, es hora de poner límites de forma amable, firme y calmada. Hay que proteger sobre todo que no se hagan daño ni se lo hagan a nadie.

2. Empatiza con tu hijo y piensa por qué acaba de hacer esto. Tenga o no razón, no cambiará nuestra reacción, ya que pegar o morder no está contemplado bajo ninguna excepción, pero sí que hay que pensar que los motivos son importantes para comprender a nuestro hijo.

No es lo mismo que pegue porque un niño le ha quitado su juguete, que lo haga porque él se lo ha quitado al niño. Nuestro acompañamiento es darle estrategias para no repetir la conducta. Si el peque ha quitado algo a otro niño, le explicaremos que no es su juguete y que tiene que devolverlo, como a él le gustaría que hicieran. Si el juguete es suyo y se lo han quitado, le explicaremos cómo puede pedírselo al niño sin pegar, con palabras, que entendemos que esté enfadado, pero no pegando o mordiendo.

3. No hagas lo que no te gustaría que repitiera. No le pegues, no le grites, no hagas cosas que no son un modelo para tu hijo. Además piensa que no lo hace por molestarte o hacerte desesperar, sino por lo antes explicado. Si consigues verlo así, tienes mucho ganado.

4. Bájate a su nivel y mirándole a los ojos dile claramente “no” y explícale de una forma sencilla que no se pega o muerde. Insistir es esencial y como ellos no tienen conciencia de tiempo tienen mucha más paciencia que nosotros, así que ánimo, piensa que en unos meses habrá pasado.

5. Si pega o muerde en otro espacio, no es tu responsabilidad. Si la abuela, la profe o el tío te cuentan que ha pegado estando con ellos, dales este post y a seguir. No es responsabilidad tuya volver al tema cuando ya ha pasado. No regañes al peque por algo que ni has visto y que pasó hace tiempo, porque estarás hablándole en chino. Los niños (1-3 años) comprenden causa-efecto de forma inmediata, no comprenden que estés enfadado por algo que pasó hace horas, no saben relacionarlo.

Y si todo esto no funciona o no te ves con fuerzas, lo mejor es que dejes a tu hijo un rato con alguien que se encuentre con más fuerzas o paciencia que tú, o simplemente retírate o trata de mantener tu atención en otra cosa. No te hagas responsable de tal conducta. Y, sobre todo, ten en cuenta que les sucede a muchos niños, vayan o no a la guardería, tengan o no hermanos, etc.

Estas conductas son fruto de los cambios madurativos de los niños, que tienen que adaptarse rápidamente a todo lo que van conociendo y aprendiendo, y hacerse mayor cuesta, pero todo pasa, piensa sólo en eso, ¡es tu única esperanza!

Puedes compartir tu experiencia con todos y yo misma contestaré a tus dudas o propuestas.

Respetando el contacto II

Hoy quiero recordar un post sobre el respeto al contacto con un peque que tenía ganas de volver a publicar.
En los últimos meses he visto varios posts sobre dejar o no que den besos a tus hijos, si es bueno obligarles a dar abrazos o besos o a que acepten el contacto de un extraño o de alguien que en ese momento no quieren.
Yo lo tengo muy claro, no obligo a mi hija a que de besos, abrazos o caricias, ni los reciba de quien no quiera.
Yo tampoco las acepto de quien no me apetece o no conozco, así que es contradictorio que ella tenga obligación de quedar bien con todos y yo pueda escoger.
Lo mismo me sucede en sesión. No obligo a que los peques me saluden con un beso o no les cojo de la mano si no quieren. Ni les obligo a dar besos de despedida o a abrazar a cambio de algo. Siempre respeto, observo y pido permiso.
AQUÍ OS DEJO EL POST QUE ESCRIBÍ HACE UN AÑO:
Respetando el Contacto:
Que importante es para el adulto complacer sus necesidades sin darse cuenta de cuáles son las del niño.
Cuando un bebé nace y tiene tan solo horas recibe muchas visitas de familiares y amigos de la familia. Hay algunos más cercanos y otros que acuden por compromiso. Ahí cada uno debe medir la cantidad de gente que quiere que acuda al hospital o a casa y quiénes deben antes o cuando ya hayan pasado unos días, dependiendo del grado de cercanía y la relación.
En casi todos los casos hay gente que tiene la necesidad de coger al niño sin pensar en cuáles son las necesidades reales del bebé y de la mamá.
Es difícil poner límites a aquellos que se lanzan a coger al peque pero es importante dejar claro cuáles son las necesidades del recién nacido en este momento tan importante.
A veces hay que ser claros y explicar que no es momento de complacer a los adultos sino al recién llegado al mundo.
Lo mismo va sucediendo según éste va creciendo. Son muchos los que piden coger, besar, abrazar al niño en los encuentros. Está claro que es importante medir quiénes son los que lo demandan, ya que abuelos, tíos o amigos muy cercanos tienen ganas de demostrar el afecto al niño de este modo y sienten gran ilusión por besar y tocar al bebé, como es lógico y comprensible.
Aunque debemos respetar al peque y su forma de expresar y escoger lo que quiere hacer, sin castigar su decisión ni chantajear con que nos iremos o no tendrá una cosa específica si no da el beso o si no quiere contacto físico.
Otros sin tanta cercanía tienen su propia necesidad y no respetan la del niño. Y esto incomoda mucho al peque ya que se enfada, extraña y se ve separado de sus padres sin comprender nada de lo que está pasando. Además muchas veces su referente (su madre o su padre) se ponen del lugar del otro sin tener más opción el niño de hacer lo que le exigen.
Pedir permiso al niño a través de la lectura de las señales que nos emite a la hora de acercarnos a él es lo que mejor nos va a aclarar cuál es el momento adecuado para este contacto.
Respetar cada momento del niño es esencial para elegir el momento correcto para ofrecer cariño al peque, ya que a la hora de mamar no es adecuado acariciar o besar a un niño que no es el nuestro, por ejemplo.
Simplemente siguiendo normas básicas y siendo cautelosos aprenderemos a respetar los tiempos del niño y a conocer cuál es el momento para cada cosa.
Es esencial que el peque sepa escoger y pueda decidir en este sentido, ya que aprenderá a mostrar sus sentimientos con respeto, siendo capaz de elegir y haciendo lo que realmente siente y quiere, como el adulto realmente hace también.
Al fin y al cabo se trata de ponernos en la piel del niño, mirar a través de sus ojos y ser empático. El niño no es antipático o mal educado, simplemente está haciendo lo que cualquier adulto haría ante un desconocido o en un momento que no considera adecuado.

¿Qué puedo hacer con un año?

Como ya os conté hace unos días en este post, los niños a partir de los doce meses son más autónomos e independientes y comienzan a explorar por sí mismos como nunca antes habían hecho.
Para ello me gustaría que tuvierais en cuenta que siguen siendo peques o bebés, aunque empiezan a descubrir que son capaces de realizar muchas cosas con ayuda o al menos pueden tratar de intentar hacer tareas que antes eran impensables.
Cuando nos encontramos con peques de cuatro o cinco años que no han tenido la independencia o la libertad de realizar acciones o escoger por sí mismos (se sobreentiende que con ayuda), es porque se les ha sobre protegido o no se les ha dado la oportunidad de realizar el proceso de autonomía gradualmente, sino que de un día para otro el adulto encuentra que tiene un niño que podría realizar cositas solo y ahora tiene que comenzar de cero a esta edad tardía.
Y os preguntareis, ¿pero qué puede hacer un niño de un año, si es aún un bebé?
Yo os propongo que empecéis a involucrarle en las tareas del día a día en casa, siempre con ayuda y con sentido común, sabiendo que hay cosas peligrosas para él y que ni con ayuda podrá hacer.
Algunas de estas habilidades son:
– Ya puedo quitarme algunas prendas de ropa solito, como los calcetines, belcros, el gorro, ayudar a sacar brazos y piernas de la ropa…
– Puedo identificar vocabulario básico de mi entorno, como personas de la familia (papá, mamá, abuelo, abuela, tía…), juguetes (pelota, muñeca, cocinita o lo que use para jugar), objetos cotidianos (mesa, silla, carro, chupete, agua, comida…), acciones (ven, toma, dame, coge, come, bebe, juega, sienta, duerme…), espacios (casa, calle, cocina, baño, coche…) y mucho más.
– Puedo comprender órdenes sencillas y seguirlas. «Dame la pelota», «coge el muñeco del suelo», «quítate el zapato», «siéntate», etc.
– Puedo comenzar a ser consecuente con mis actos, es decir a guardar tras sacar, a coger algo que tiro al suelo, a llevar la ropa al cesto de la lavadora, a sacar mi cuchara para comer…
– Puedo comer solo, con mis manos, a mi manera, aunque me ensucie, pero puedo. Debemos dejar que experimenten esto para que aprendan  comer solitos más adelante con cubiertos, pero dándoles su tiempo.
– Puedo beber de mi vaso con boquilla sin ayuda.
– Puedo caminar sin ayuda cortas distancias y cada vez más largas.
– Puedo ayudar en el momento del baño, enjabonándome el cuerpo con ayuda y así conociendo mejor mi cuerpo según me nombran sus partes.
– Puedo garabatear en un papel, empezando a coger una pintura y tratando de seguir líneas como las que hace el adulto.
– Soy capaz de hacer encajes sencillos, ensartar aros en un soporte, poner piezas pequeñas en una base, meter monedas en una hucha, coger piezas pequeñas con la pinza digital…
– Puedo lanzar una pelota tras un modelo, o tratar de chutarla o rodarla a alguien.
– Puedo entender prohibiciones y llevarlas a cabo.
– Puedo permanecer en una misma actividad más tiempo que antes, realizando algo desde principio a fin con ayuda y motivación.
– Puedo ver un cuento con ayuda del adulto, tocando y pasando sus páginas.
Y además de esto miles de cosas más, ya que cada peque es único y diferente, y podrá hacer unas cosas u otras dependiendo de los hábitos que tenga y su entorno.
Esto son sólo algunos ejemplos de lo que podemos hacer con un niño de un año, empezando a hacerle más autónomo y consciente de su realidad.
Sobre todo quiero que tengáis en cuenta que cuando me refiero a un peque de un año, es desde los doce meses hasta los veinticuatro. Ya que cada uno lo realizará en una edad y un momento diferente.
Como siempre me gusta deciros, el desarrollo de cada niño es único y no debemos adelantarnos al momento que cada uno vive. Todo llegará y hay tiempo para todo.
Ahora sólo os queda disfrutar de vuestro bebé grande un añito.