Responsabilidad

Es nuestra responsabilidad elegir el entorno, el ambiente, el espacio, la alidad de vida de nuestros hijos.
Está clarísimo que un niño es lo que ve, ya que aunque es cierto que la carga genética es fundamental y determina gran parte de lo que somos, el entorno y el ejemplo que vemos es lo que acabamos siendo.
Es fundamental que el niño viva en un ambiente saludable, alegre y de respeto, donde los adultos protejan al menor y eviten que viva situaciones inadecuadas o incluso negativas.
Ante todo hay ciertos aspectos que ya conocemos y parece que se tienen cada vez más claros, como no fumar delante de los niños e incluso añado, no fumar delante de su vista, no sólo para que no respiren el humo sino para que no observen el hábito.
También evitar otros olores que pueden ser negativos o contraproducentes sería lo ideal.
Ante todo respetar pero sin volvernos locos y extremistas, ya que sino no podremos ir a ningún sitio.
También es muy importante cuidar las zonas donde esté el peque, protegiendo las esquinas, aunque sea con las manos, los enchufes, las puertas y cajones, las escaleras… Yo no modificaría mi casa, simplemente lo justo.
La alimentación debe ser la adecuada para la edad del niño, respetando sus gustos y preferencias y yo no obligaría al pequeño a comer, dejaría más libertad a la hora de alimentarse, ya que en algún momento todos (o casi todos) acaban comiendo.
En cuanto a los sentimientos es esencial darle un ejemplo al niño de alegría, cariño, afecto, respeto… donde pueda tomar los valores de su personalidad e integrarlos e ir organizándolos dentro de sí mismo.
Cada día tengo más presente la importancia de estos valores y creo que es esencial ser un ejemplo para los que vienen, mostrando lo mejor de nosotros mismos, siendo, eso sí, realistas.
No hace falta idealizar la infancia ni mostrarlo todo de color de rosa, sino intentar dramatizar poco y darle la importancia justa a cada cosa, haciendo que nuestros pequeños sean lo más felices posible y crezcan seguros, sanos, con fuerza y amor.
Ellos están en el mundo porque dos adultos así lo quisieron, así que son nuestra responsabilidad.
Seamos responsables.

Respeto

Cada día me planteo más y más lo importante que es respetar la forma de crianza de cada uno, la manera de llevar a cabo la educación de los hijos, el modo de verlos y de tratarlos.
Será porque continuamente veo a gente que juzga al resto dentro del ambiente en que me encuentro. Gente que habla con libertad y sin pensar sobre lo que realmente hace la familia de al lado; gente que critica a gritos lo que los demás hacen sin verse a sí mismos en un espejo ni pensando en las necesidades del otro.
También es verdad que hay gente que parece que necesita criticar al otro para sobrevivir, para respirar y sentirse vivo, ya que si no lo hace explota o revienta.
Y nadie es perfecto y por supuesto que yo la primera, pero intentó ir aprendiendo a observar cada día más y a respetar lo que cada uno escoge, ya sea lactancia materna o de fórmula, colecho o dormir en cuartos separados, guardería o no, y así en un largo etcétera que envuelve y rodea la crianza de los niños.
Hacer autoreflexión y tratar de mejorar es esencial para crecer como ser humano.
Qué importante es escuchar, observar, oír, ver y saber callar y, apoyar. Nadie dice que sea necesario tener la razón o ni siquiera debatirla, no hay que llegar al punto de quién lleva razón o quién no, simplemente entender el buen hacer del de enfrente y no juzgar de forma continuada como si lo que nosotros hiciéramos fuera lo ideal y lo correcto y lo del resto estuviera mal o dañara al niño.
También es verdad que la experiencia personal cambia muchas de las ideas preconcebidas y hace que modifiquemos lo planeado por lo espontáneo, dejando que fluya lo que va surgiendo cada día sin planificar cada movimiento.
Es el niño el que acaba escogiendo muchas de las opciones que la vida le ofrece y los padres o los profesionales deben respetar y encauzar dichas decisiones para que sean las mejores en nuestro caso, sólo y únicamente en el nuestro.

Observación

Mi trabajo en Atención Temprana tiene muchos pasos y suelen darse despacio y con tiempo para que se afiance cada uno de ellos.
El primero de todos es la observación.
Para conocer a un niño hay que observarle y respetar su espacio, el que cada niño demande. Hay niños que necesitan más tiempo y otros que cogen confianza y se acercan antes al adulto.
Hay niños que prefieren empezar a experimentar solos y otros que necesitan de la compañía del adulto desde el primer momento.
Por ello, la observación es necesaria. Gracias a ella conocemos a cada pequeño. Ellos son los que nos muestran sus necesidades, gustos, maneras de actuar, modos de comprender y expresar, …
Hay sesiones que se basan esencialmente en eso. Observamos al niño con los juguetes y el material que le damos o le invitamos a coger. O incluso observamos qué es lo que hace sin ninguna pauta, cómo se desenvuelve con libertad.
Observamos cómo de forma maravillosa hace muchas cosas por sí mismo, sin necesidad de hacerlo con alguien o de ser guiado.
El silencio es imprescindible en muchos momentos de nuestro trabajo. En ocasiones esa calma, ese estado de tranquilidad y neutralidad es el que hace que el niño saque más de sí mismo y se exprese de forma pura, sin ninguna guía o modelo.
Es maravilloso observar cómo un niño se organiza, resuelve conflictos del día a día, da respuesta a los problemas que le surgen, sin ayuda de nadie, con sus herramientas.
Observar como un niño come, juega, intenta asearse, cierra o abre una caja, guarda, pinta, o cualquier otra acción, es sorprendente.
Es imprevisible saber lo que van a hacer y cómo lo van a hacer.
Casi siempre dan más de lo que esperamos y resuelven los conflictos de mejor modo al que pensábamos.
Por todo ello, la observación es imprescindible para conocer a los niños y respetarles, dejarles experimentar, favorecer su imaginación, potenciar la resolución de conflictos de forma autónoma.
Mediante la observación el niño se expresará con libertad, en esencia pura y, podremos observar claramente lo que es capaz de hacer.
Observad a vuestros hijos, a vuestros alumnos, a los niños que conozcáis y veréis lo maravilloso que es el ser humano desde que nace.

Nuevos títulos con amor

Hoy quiero hablaros de unos cuantos títulos que he encontrado atractivos para nuestra biblioteca. Son libros que hablan sobre amor y sentimientos y la explicación sencilla para que un niño los comprenda a su manera.
1- Besos besos. Escrito por Selma Mandine. Editorial Miau.
Este precioso libro trata sobre los diferentes besos que experimenta un niño en su día a día. Desde el beso de la abuela tan característico al húmedo beso de su perro. Tiene unas ilustraciones preciosas y es muy tierno.
2- Adivina cuánto te quiero. Por Sam Macbratney. Editorial Kokinos.
Se trata de dos liebres, una que insinúa ser la mamá o el papá y otra que parece ser el hijo o la hija, que se expresan cuánto se quieren haciendo comparaciones y tratando de expresarlo con palabras y gestos.
Cada página es más dulce que la anterior. Muy recomendable.
Hay una versión a tamaño gigante que encantará a vuestro peque.
3- Te quiero. De Elen Lescoat y Bénédicte. Editorial Miau.
Sus dibujos son muy tiernos. Explica las diferentes maneras de querer a cada persona del entorno. Comenta la diferencia entre querer a un amigo, a un papá o una mamá, a los abuelos… Un libro sencillo donde poder explicarle a tu pequeño las diferentes formas de amar.
4- Mamá maravilla. Elen Lescoat y Orianne Lallemand. Ediciones Jaguar- Miau.
Este libro resalta la figura de la súper mamá. Describe todas las facetas de la mami: la trabajadora, la guapa, la divertida o la enfadada entre otras.
Es un libro con ilustraciones bonitas y que puede servir para explicar al peque los diferentes estados de la mamá, dependiendo del momento y la situación.
Mis preferidos son los dos primeros, aunque todos son bastante económicos e invitan a iniciarse en la lectura de una forma tierna y amorosa.
Los sentimientos y su expresión son temas que siempre resultan complejos en la infancia, y que necesitan de su verbalización para una mejor compresión y por tanto, expresión.

La empatía

La empatía es la capacidad de saber ponerse en el lugar del otro y entender los sentimientos de éste como si fueran los nuestros.
Este aspecto pertenece a la inteligencia emocional del ser humano y se desarrolla desde que somos muy pequeños y durante toda nuestra vida, ya que puede modificarse siempre que lo trabajemos y queramos.
Es esencial fomentarlo desde la infancia, enseñándole al niño cómo somos capaces de ponernos en su lugar y dar prioridad a sus sentimientos cuando él nos lo demanda.
De igual modo según crece, debemos explicarle esto mismo con ejemplos, ya que es un concepto difícil de explicar para un niño.
En mis sesiones de psicomotricidad empleo mucho este ejercicio:
Cuando un niño pega a otro, le empuja, le quita algo o hace algo que no es adecuado le pregunto «¿A ti te gustaría que te empujaran/quitaran el juguete/pegaran…?» Y el niño de para unos segundos, piensa y contesta normalmente «No». De este modo se pone en los zapatos del otro, se mete en la realidad que el otro niño está viviendo y reflexiona sobre lo que está haciendo y modifica su conducta.
Igualmente sucede para cuando tiene una rabieta. Si somos capaces de dar palabra a lo que siente, o creemos que siente y demostramos empatía con sus sentimientos, el pequeño comenzará a sentir que le comprenden y a saber expresarlo mejor.
El ejemplo es la mejor manera de enseñar algo a los niños.
La empatía es muy importante para saber convivir en la sociedad, ser un ser social, que se relaciona con los otros sin pensar sólo en sí mismo y sus sentimientos.
Realizando esas preguntas a los niños y a nosotros mismos seremos capaces de tener mayor empatía a la hora de estar con el resto y comprender al de enfrente.