Si hay un tema al que doy especial importancia y valor en este espacio, es al desarrollo emocional.
Poco a poco se va poniendo más foco sobre ello y se van teniendo más en cuenta las emociones a la hora de criar, educar y transmitir valores a nuestros peques, esperando que en un futuro próximo la educación emocional sea una materia más que impartir y ofrecer en escuelas y colegios desde la primera infancia hasta la edad adulta.
El ser humano se mueve por sus emociones, por lo que siente, lo que va descubriendo y percibiendo de cada entorno, acción, persona…
Por todo ello, si comenzamos a trabajar las emociones desde que un bebé nace (o incluso antes), podremos ir sembrando un aprendizaje de valor para el resto de su vida.
Una de las herramientas que mejor funcionan, y que más les gustan a los peques, son los materiales y juegos que están diseñados para potenciar y trabajar las emociones, verbalizarlas, identificarlas y tratarlas.
Hoy me gustaría mostraros dos de estos materiales que estamos empleando y funcionan realmente bien.
Es un juego de mesa, creado por la psicóloga Marta Miguel y diseñado por Judith Ballester.
Es un material pensado para potenciar la inteligencia emocional a través de la diversión, del juego en grupo y la comunicación.
Se trata de un juego formado por 40 cartas con 40 emociones/sentimientos y preguntas de reflexión.
Las cartas están divididas por colores según la categoría de cada una. Y cada una de ellas tiene una puntuación. Seguir leyendo

Hoy quiero hablaros del Trastorno del Espectro Autista (TEA), que aún sigue siendo un gran desconocido en nuestra sociedad a pesar de haber cada vez más información y estudios al respecto, pero como os cuento en
La mente del niño no está condicionada por tantos factores y vivencias como la del adulto, por lo que su imaginación es más amplia y libre. Es indudable que esto enriquece su juego y puede ser muy positivo para nosotros imitar sus conductas y dejarnos guiar por sus ideas de juego.
Cuando una familia me pide ayuda y recurre a mi para recibir respuesta a algún problema o terapia, escucho y acompaño sus necesidades, que no serán las mismas que las de ninguna otra familia y, por lo tanto, se resolverán de manera individual y única.