Cuando tenemos hijos e hijas, nuestras vivencias de la infancia vuelven a aflorar al acompañar sus vidas, su desarrollo, sus hitos…, y, esto es totalmente normal, siempre y cuando no nos afecte de manera negativa y nos impida ser guía y ejemplo de nuestros niños y niñas.
En ocasiones, nuestro bagaje nos impide acompañar las emociones y el desarrollo como quisiéramos, ya que conectamos con aquello que nosotros vivimos en nuestra infancia al estar cerca de la de ellos y no somos capaces de tomar la distancia necesaria y comprender que no se trata de nuestra vivencia pasada, sino de la vida de nuestros hijos. De esa vida que ahora les toca vivir a ellos, sin ser nosotros de nuevo, sin ser nuestra segunda oportunidad, sino siendo seres independientes a nosotros mismos, que no nos pertenecen ni vienen al mundo para cumplir nuestras expectativas y sueños frustrados.
El dicho tan extendido que dice “Cuidarse para poder cuidar” es un mantra que todos deberíamos integrar en el momento en el que nos convertimos en padres y madres, ya que su mensaje es totalmente necesario y cierto. Si nosotras y nosotros mismos no nos cuidamos, no defendemos nuestros derechos y necesidades, no buscamos nuestros tiempos de autocuidado, nuestros hobbies, no tendremos la capacidad de poder cuidar del otro como se merece,como me necesita u ofreciéndole mi mejor versión.
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