Categoría: CRECIENDO JUNTOS
EL VÍNCULO AFECTIVO: PEDIR AYUDA
Mi lactancia materna
Qué difícil es hacer entender a las anteriores generaciones que vas a darle el pecho a tu hijo a demanda y no como ellos hicieron cada tres horas.
Hay muchas madres, abuelas y gente en general, que quieren convencernos de estar malcriando al bebé por darle pecho cada vez que quiere. Incluso se llega a comentar que el bebé nos está chantajeando con el tema.
¿Cómo va a ser chantajista un niño recién nacido? Los bebes piden lo que necesitan, no tienen esa capacidad de razonamiento que se les llega a asignar. Su mecanismo es llorar para recibir la respuesta a su necesidad. Lloran porque quieren comer, por dolor, porque están sucios o porque quieren dormir, o para recibir cariño y ser calmados.
Está comprobado que cuanto más se pone a un bebé al pecho, más se estimula la producción de leche y mejor se establece la lactancia.
Sólo hay que plantearse lo que muchas veces los expertos nos dicen: ¿Qué hace cualquier mamífero cuando tiene crías? Pues les da de comer y cubre sus necesidades sin pensar en si hace mucho o poco que lo hizo anteriormente.
Yo no soy experta en este tema pero sí me considero muy interesada por él. Me he informado mucho al respecto.
Desde que decidimos tener un bebé siempre tuve claro que le daría el pecho siempre que pudiera.
Al nacer nuestra princesa perdió mucho peso y tardó más de un mes y pico en recuperarlo y debido a eso nos presionaron mucho para que complementáramos la lactancia materna con fórmula. A pesar de mi constante negativa hacia el tema, tras ver que un mes más tarde no había cogido el peso del nacimiento, decidí hacer caso a los médicos y complementar. Tuve que consultar a varios especialistas médicos para acabar haciendo lo que el primero me había dicho.
Con el sacaleches era imposible, por más que me ponía, no conseguía sacar ni para una toma completa y, la verdad que es un poco frustrante estar pegada una hora a un aparato para 60ml de leche.
Nos indicaron dos tomas al día de fórmula y por supuesto que las hicimos a demanda y sin obligarla. La peque las cogía con ansia, como si no hubiera comido nunca… Esto me hacia pensar en si estaríamos o no haciéndolo bien… A su vez fuimos a un grupo de apoyo a la lactancia que nos ayudó muchísimo; gracias a ellos la colocación fue la correcta, los dolores desaparecieron y el apoyo fue muy necesario y me animó mucho a continuar intentándolo.
Pero aunque veíamos a la princesa cada día más grande, el peso tampoco es que aumentara rápidamente. De lo que parecía ser un remedio puntual (complementar unos días o algunas semanas con fórmula) a ser algo necesario para ella y su crecimiento.
Aquí llega el debate con uno mismo sobre si lo que importa es el peso o lo sano y activo que ves tu a tu hijo… Pero pecas de inexperta y piensas que es tu responsabilidad y no es un sólo especialista el que te ha aconsejado, sino tres o cuatro.
A pesar de usar biberones específicos para niños que sólo toman pecho, mi princesa se fue acostumbrando al biberón y aunque podía habérselo quitado, creo que ella también disfrutaba mucho con esas tomas de fórmula por mucho que a mí me pesara.
Ella ha sido quien ha decidido finalmente cuánto tomar de cada tras la situación que se le impuso al inicio y, yo me he adaptado a ella porque creo que es esencial respetar su adaptación en este proceso que quizás también ha sido complicado para ella.
Ahora tras cuatro meses de lactancia mixta, la princesa ha dejado el pecho y parece no querer tampoco la fórmula y hemos tenido que comenzar con cereales y con fruta. Llegados a este punto creo que lo que no le gusta es la leche y que prefiere un buen cocido antes que seguir siendo lactante!
Si ya era sensible con este tema, mi vivencia me ha hecho ser aún más partidaria de la lactancia materna y respetar el tema y cada caso siendo prudente y sin hacer juicios de valor sin conocer y aún conociendo cada situación.
El sentido común
Ya sabéis que no tiendo a hablar de mi experiencia personal al realizar una publicación, pero el post de hoy se ve inspirado en este hecho que os voy a contar y no veo mejor manera de hacerlo: Ayer estuvimos en la revisión del pediatra de los cuatro meses de la peque. Nuestra pediatra es una persona tranquila, amable, muy profesional, con mucha experiencia, positiva y pro-madres, es decir, si eres mamá te anima a hacer las cosas, a probar y te hace sentir siempre bien con lo que haces, jamás te juzga. Sabe ser la mejor profesional sin hacerte sentir tonto. Para mi fue una suerte que me la recomendara una amiga de mi hermana en un momento en el que no hacían más que marearnos con el peso y que si lactancia materna o artificial, mixta o yo ya no se el que… Desde el día en que mi marido y yo la conocimos, nos dimos cuenta de que ella era nuestra pediatra. Siempre lo dice todo claro, te tranquiliza (que es lo difícil) en lugar de alarmarte (que es lo fácil), nos da calma y seguridad en nuestras decisiones. Nos anima a probar y equivocarnos y sigue siendo igual de profesional aunque consultemos a otros médicos o practiquemos otras teorías. Ella siempre nos hace ver que el sentido común es lo principal, lo esencial en la crianza de un hijo; ya que como uno conoce a su hijo, no lo conoce nadie más. Ayer, como antes comentaba, fuimos a la revisión de los cuatro meses y, tras explicarla que nuestra peque no es muy partidaria de la leche, nos recomendó empezar ya con la fruta (cosa que ya habíamos hecho hacía unos días). Yo como soy fiel a mi pediatra, no dudé en contarle la verdad, que llevábamos dos semanas dejando que la princesita probara nuestra fruta y alguna verdura y, que llevaba tomando cereales por las noches desde hacía una semana. Por un lado estaba temiendo su respuesta (te dije que esperaras o algo así) pero por otro, ella me da la confianza para contárselo porque siempre tiene una manera de decirte todo de forma que no te sientas mal o atacado y, comprende a cada familia. ¿Cuál fue su respuesta? El sentido común es lo que nos hace ver lo que necesita cada niño. Hay veces que la leche no gusta (pero hay que seguir tomándola porque es muy importante) y la situación es la idónea para introducir nuevos alimentos y, si este es el caso, pues adelante. Ha mirado la talla y el peso, la evolución de la niña y si historial y tras eso nos ha dicho cómo podemos introducir la fruta. Con este largo ejemplo de mí misma, sólo quiero explicar que a veces estamos dándole vueltas a algo durante días o semanas y al final la conclusión es la misma que habíamos sacado nosotros mismos pero con la aprobación del profesional. Está genial que consultemos al experto y hagamos caso de lo que nos aconseje, ya que es quien realmente sabe sobre el tema, pero también tenemos que tener en cuenta a nuestro sentido común. Es algo realmente subjetivo y difícil de ser valorado, pero en mi caso me doy cuenta de que hace dos semanas he ido ofreciéndole sin pensarlo ni premeditarlo alimentos a mi hija, al cocinarlos, al comerlos y, dejando unos días entre medias para observar alergias, intolerancias, reacciones en el aparato digestivo…, y al final era cuestión de sentido común darse cuenta de que ella no quiere sólo leche, sino que quiere dar un paso más en su desarrollo y que yo le ayude a ello. Desde que soy madre mi sentido común se ha despertado y vive pegado a mí haciéndome señales y ayudándome a tomar decisiones que antes siempre consultaba previamente. ¡Bendito sentido común el mío!
JUEGOS DE PSICOMOTRICIDAD
Hay dos juegos que me gustaría compartir con vosotros ya que gustan mucho en mi labor como psicomotricista. Están recomendados especialmente para niños de entre tres y seis años. Para ello debemos preparar material:
1) TENDER LA ROPA: 2 o más personas.
– Con tela vieja de alguna prenda que ya no queramos o no usemos, recortaremos dibujando pequeñas prendas de ropa, como calcetines, camisetas, pantalones, etc. Trozos pequeños, del tamaño de una mano. Podemos buscar dos o tres telas diferentes y recortarlas, de tal modo que nos quedarán miniprendas de ropa.
– Pinzas de la ropa grandes.
– Una cuerda larga.
– Una caja para guardarlo.
El juego consiste en poner la cuerda extendida como si de un tendedero se tratara, la podemos atar a dos sillas por ejemplo. Se les pedirá a los niños que tiendan la prenda que nombramos, por ejemplo, calcetín blanco. Y que corran, lo busquen en la caja, cojan una pinza y lo cuelguen en la cuerda. Con ello se fomenta la competitividad, la atención, los juegos de equipo, ya que si son 4 o más niños, habrá dos por grupo y tendrán que hacerlo los dos bien para ganar a los rivales. También fomenta la discriminación de prendas, colores…
Se mejora la motricidad fina, ya que poner las prendas con una pinza en la cuerda puede resultar muy complejo para un niño y necesita de práctica para realizarse adecuadamente. Y también tendrán que contar las prendas que ha colgado cada equipo, así que trabajarán conceptos numéricos. Aunque sean rivales tendrán que compartir cuerda, aspecto importante a trabajar entre niños, compartir con el rival el espacio, respetando al otro. Ganará el equipo que más prendas cuelgue o que antes lo haga.
Es un juego muy completo, sencillo y económico. Suele encantar a los niños.
2) EL JUEGO DE LAS MEDALLAS: 2 o más personas.
– Goma eva o fieltro de 3-4 colores.
– Cuerda elástica o cinta elástica para hacer el collar de cada medalla.
– Una caja para guardarlo.
Hay que recortar el fieltro o la goma eva con las tres formas geométricas básicas (círculo, triángulo y cuadrado) de dos tamaños cada color de tal manera que quede: dos círculos rojos, uno grande y otro pequeño, y así con cada forma y color. Una vez tengamos todas las formas de todos los colores y tamaños, las haremos un agujerito en la parte superior para poder introducir la cinta elástica para hacer una medalla o un collar con cada forma. De tal modo que quedarán hechas las medallas para empezar a jugar.
El adulto debe repartir las medallas por el espacio donde se vaya a jugar, dejándolas por el suelo, la superficie, a la vista de los niños pero separadas.
Los niños se colocarán en un punto de salida esperando a que les den la orden y el adulto nombrará la medalla que hay que buscar: círculo amarillo pequeño, por ejemplo. El niño que antes la encuentre se la colgará del cuello, como ganador de esa medalla por haberla encontrado el primero. El que más medallas tenga al final, es el que gana.
Con este juego se fomenta la espera de turnos, ya que hay que esperar a que el adulto diga la medalla que hay que buscar. Es un juego que requiere atención y buscar con la vista y discriminar. También se trabaja la competitividad, la motricidad gruesa a través de la carrera y la parada, el conocimiento y adquisición de las formas geométricas básicas y de los colores. Aprenden los tamaños y a contar cuantas medallas llevan colgadas.
Es un juego muy completo, que encanta a los niños y es realmente económico.
Espero que os gusten estas dos propuestas que os pueden venir genial de cara a la Semana Santa. Si tenéis cualquier pregunta no dudéis en realizármela.
