Familia

El tema de la familia me hace reflexionar mucho porque es un tema del día a día, que sale en periódicos, televisiones, que está en la calle, a tu lado y en todas partes, hasta en ti mismo.
Esto viene a cuento de lo importante que es para mi la base afectiva que se forme para criar a un niño.
En cuanto a opinión personal no tengo ninguna idea fija sobre el ideal de familia. El cariño, el afecto, el respeto y el amor me parecen la base fundamental de la familia, sin especificar sexo, número, edad…
¿Y todo esto a qué viene? pues a todos los programas que veo en televisión sobre reencuentros entre familiares que nunca se conocieron y parecen esenciales para la supervivencia de los que los buscan.
De repente una persona que no conocían se convierte en su ilusión. Y entiendo que haya gente que necesite saber quiénes fueron sus padres, o si tienen o no hermanos, pero para mi misma, mis padres o mis hermanos son los que están siempre ahí, no aquellos de sangre que son desconocidos.
La misma opinión tengo sobre otros familiares u otros rangos afectivos, que para mi misma no se adquieren por ser esto o lo otro sino por el contacto y el cuidado diario de las relaciones.
Y yo pienso ¿y si ahora los que yo creo que son mis padres no fueran los que me parieron, sino unos que me acogieron? Pues la verdad es que a mi no me importaría y no creo que buscara a mi familia biológica porque ellos son para mi mi familia, son los que me han dado amor, respeto, cariño y afecto a todas horas, sin pedir jamás nada a cambio. Y aún más valor tendría que lo hayan hecho tan bien sin haberme parido.
Y lo mismo me sucede con amistades o conocidos, que los besos no se piden o el cariño no se impone, se forma y cría desde que uno nace y se va haciendo más fuerte según crecemos. De un día para otro no podemos imponernos amor hacia un desconocido. ¿Dónde queda la importancia del vínculo afectivo?
Y ahora que soy madre lo pienso muchas veces. Yo quiero darle eso a mi hija, que no le falte de nada aunque su familia no sea un modelo clásico o no sea perfecta, pero sí es la que más la va a querer y proteger siempre, pase lo que pase, para que sienta amor, seguridad, tenga valores positivos y todo lo que se merece.
La familia es la que está ahí cada día, la que te apoya, te anima y te da todo sin pedirte nada a cambio. La familia es todo para mi, la base de la educación, de los valores, del respeto y del Amor.

Nuevas tecnologías

Está claro que los juegos para niños han evolucionado muchísimo, no cabe duda de que ahora mismo son pocas las familias que no incluyen entre sus entretenimientos alguno tecnológico tipo tableta, consola u ordenador. Desde bien pequeños podemos ver a muchos niños cómo manejan mejor que los adultos todos estos aparatos tecnológicos y se entretienen durante tiempos largos sin perder atención. Seguro que hay quienes defienden todo lo que se puede potenciar con ellos pero yo soy más partidaria del juego tradicional y de aprender conceptos a través de la realidad, de los objetos, de los juegos físicos, de la calle o el parque y las nuevas tecnologías en niños como complemento. Está claro que mi opinión al respecto no es tajante y no es un «no» rotundo al uso de las nuevas tecnologías, sino un uso adecuado y respetando la edad de cada niño. Creo que la idea de que esto es el futuro es un poco exagerada. Está claro que hay muchos avances y se van perdiendo métodos de enseñanza-aprendizaje porque caen en desuso pero de ahí a que todo en el futuro se vaya a adquirir de este modo, me cuesta creerlo. Las nuevas tecnologías tampoco deben prohibirse sino marcar los tiempos de uso y las edades adecuadas en cada caso. El otro día leí en «Salud total- Médicos y medicinas»: «Altos directivos de empresas tecnológicas multinacionales del Silicon Valley mandan a sus hijos a colegios que se promocionan como ser centros donde no se utiliza la tecnología en sus aulas. Según ellos, el ordenador impide el pensamiento crítico, deshumaniza el aprendizaje, la inter- acción humana y acorta el tiempo de atención los alumnos. Uno de los padres, el señor Eagle, graduado en tecnología y alto mando en Google, dice: “Mi hija de quinto de primaria no sabe cómo usar Google y mi hijo de tercero de secundaria está empezando a aprender. La tecnología tiene su tiempo y su lugar (…). Es súper fácil. Es como aprender a usar pasta de dientes. En Google y en todos estos sitios, hacemos la tecnología tan fácil que lo puede usar cualquier persona. No hay razón por la que los niños no puedan aprenderlo cuando sean más mayores. (…) La idea de que una app en una tablet puede enseñar mejor a leer a mis hijos, eso es ridículo.»» Esto me hace reflexionar aún más sobre mi teoría. Creo que emplear aplicaciones en teléfonos o tablets para aprender a adquirir colores, letras o números, hacer puzles o rompecabezas no es la idea que yo tengo de aprendizaje. La riqueza de la interacción entre varias personas para adquirir conocimientos se pierde, ya que uno mismo puede aprender solo a través de una máquina o el pensamiento creativo o imaginativo, dejan de ser necesarios ya que la tableta no es igual que un padre o una madre o un hermano que te hace aprender a través del juego, el movimiento o la imaginación… Ahora mismo observo a mucho niños que juegan con los móviles o con las tablets de los padres mientras ellos realizan otras tareas. El problema no es este sino lo pequeños que son esos niños. Muchos no superan los tres años y ya están pegados al aparatito viendo unos dibujos o dándole al botón, inmersos en esa actividad y evadidos del resto del mundo real, donde poder aprende muchas cosas probando y explorando su entorno. Quizás todo tenga su lado positivo y las nuevas tecnologías o internet sirvan para otras cosas que yo no soy capaz de valorar pero para mi no son esenciales para aprender nuevos conceptos que se pueden aprender de otros modos más tradicionales.

Qué es lo que más os gusta de los peques

Hoy voy a hablar a título personal y no profesional. Cuando pienso qué es lo que más me gusta de mi bebé, aparte de mil y una cosas, lo que me hace sentir muy especial es el momento de dormirla en mis brazos tras mucho juego, el baño, haber comido, mucha actividad intensa y ver que no puede ni dormirse sola de lo «pasada de rosca» que está, porque se le ha pasado hasta la hora de dormirse, y es cuando llora, busca mi cuerpo para cubrirse de la luz, se restriega la cara contra mi ropa, se frota los ojos con las manos, busca su chupete con la boquita abierta como un pececito si se le escapa, y tras esta «pelea» de repente, llega una lucha con sus párpados, donde ellos quieren cerrarse y Ella quiere abrirlos para no perderse ni un segundo de la vida, porque la disfruta como nadie y es feliz con todo. Ahora no se pierde la oportunidad de realizar una carcajada ante nada. Pero finalmente tras mucha lucha consigo misma, sus párpados ganan la batalla y el peso de su cuerpo aumenta considerablemente y con ello se abren sus puños y las manos están plácidas, igual que el resto de su cuerpo. Y deja de succionar hasta el chupete incluso a veces se le cae. Y Su Suspiro final es quien me hace saber que ya está descansando, que por fin el sueño le ha ganado y consigue dormirse gracias a los brazos de su mamá, de las canciones que le canta inventadas, personalizadas, dependiendo de lo que haya pasado ese día. Gracias al baile que realizamos juntas. Ese Suspiro me hace sentirme feliz, satisfecha con mi labor de madre. Haber conseguido calmarla tras tanta intensidad es un placer. Se que he sabido transmitirle la seguridad, el amor, la tranquilidad y todo lo que Ella necesitaba en ese momento. Ahora que llega el finde que cada uno disfrute de lo que le guste de sus niños, de los peques de la casa.

Tolerancia ante las diferentes opciones

Últimamente leo mucho en grupos y foros de crianza, padres o profesionales de la infancia, comentarios bastante contundentes respecto a ciertos temas o métodos de crianza.
A veces creo que cada uno piensa que lo que él mismo hace es lo adecuado y lo que hace el resto no está tan bien.
Por ejemplo, los temas de lactancia materna, colecho y porteo están a la orden del día. Son temas muy de actualidad en los que la gente es muy tajante, es decir, el que lo hace lo expresa con orgullo y defiende a muerte esta teoría e incluso hace sentir mal al que publica un comentario explicando que no practica alguno de estos métodos.
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Estoy viendo a mucha gente que es fanática de la lactancia materna exclusiva hasta tal punto que no ven bien a aquellos que dan biberón e incluso se valora si se quiere o no a un niño por dar o no el pecho.
Respecto a estas tres decisiones en concreto (lactancia materna, colecho y porteo) creo que son opciones muy válidas pero no son las únicas y por eso debemos contemplarlas todas.
El que da lactancia materna exclusiva o está a favor de ella, cree que todo el que quiera puede realizarla si se lo propone, a no ser que haya un problema de salud por ejemplo, pero no todas las situaciones son esta. Y el problema es cuando se afirma que todos los males de la infancia se curan con lactancia materna, ya que muchas mamás que no han podido o no han tenido ayuda ante un contratiempo con la lactancia o no han querido dar pecho, se sienten ofendidas ante estas afirmaciones ya que parece que alimentar a sus hijos de otro modo supone menos afecto y cariño hacia ellos.
Creo que debemos ser coherentes, la lactancia materna es el alimento natural, el específico y único para tu bebé, lleno de cualidades y encima proporciona el contacto, afianza el vínculo y miles de ventajas más. Eso está claro y estamos de acuerdo en que es lo mejor para el niño. Pero ¿y si no se puede? ¿Es peor madre la que da biberones? Mucha gente cree que sí y esto es lo que me parece increíble cada vez que leo comentarios al respecto.
También sucede con el colecho o el porteo. Perdemos a veces la cabeza afirmando nuestra idea a cerca de dónde debe dormir el bebé o cómo debe portearse.
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Está claro que el recién nacido hasta cierta edad (la que cada uno plantee) necesita estar cerca de sus padres y el contacto físico es muy positivo para su desarrollo afectivo e incluso neurológico, según muchos estudios, pero ¿y si una familia decide que su bebé duerma en su cuna desde que nace? ¿Y si prefieren que vaya en el cochecito? Quizás estas familias tengan otros ideales, no tengan conocimiento sobre el porteo o el colecho o sigan las normas habituales dentro de su cultura o cualquier otra cosa.
Como profesional de la atención temprana, en muchos casos me he encontrado a familias que me han realizado preguntas sobre estos temas y cada día me doy más cuenta de que la respuesta no puede ser general sino específica para cada familia y sus necesidades, ya que habrá familias que tengan unas ideas y no quieran modificarlas y otras que acepten los consejos y prueben nuevos métodos. Y aún así la respuesta no será la misma para todos porque cada uno siente, vive, quiere o expresa de una forma distinta.
Con este largo comentario sólo quiero expresar mi malestar ante la intolerancia de unas familias hacia otras que en definitiva sólo quieren lo mismo, criar a sus hijos de la mejor manera posible.
El respeto y la tolerancia nos enriquecen y nos hacen ver más opciones y nutrirnos de ellas. La información nos hace más ricos y es lo que nos permite escoger nuestro mejor método.

Quemando etapas

A diario en mi trabajo me enfrento a las dudas, a las situaciones y a los miedos de cada familia con la que trabajo. Me doy cuenta de que cada uno tiene su manera de ver a su hijo y de asimilar sus circunstancias.
Mi tarea es proponer unos objetivos a corto y/o a largo plazo e ir trabajándolos conjuntamente con el niño y la familia para alcanzarlos, o al menos intentarlo, en el tiempo que el pequeño vaya marcando.
A veces estos objetivos se consiguen rápidamente y se planifican otros nuevos de tal modo que vamos haciendo una programación del tratamiento individual y específica, sólo para ese niño.
Otras veces los objetivos son complicados de alcanzar para el peque y se proponen otros medios para trabajarlos o para potenciar otros nuevos que resulten más sencillos o de un área diferente.
Es decir, el trabajo de los profesionales de mi campo es continuo y varía según la evolución del tratamiento y de la respuesta directa del niño. Todo se puede modificar sobre la marcha y potenciar de un modo diferente al establecido al inicio.
Esto fomenta que los objetivos puedan alcanzarse más rápidamente, ya que no se insiste con métodos inadecuados para ese niño, sino que se modifican para ser más prácticos y efectivos para cada caso.
Según se van observando pequeños avances o incluso la consecución del objetivo pautado, las familias van marcándose sus propias expectativas, algo totalmente lógico y comprensible.
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Pero yo pienso ¿es una carrera sin meta?, ¿a dónde pensamos llegar?, ¿cuál es el objetivo final?, ¿alcanzaremos la satisfacción ante un objetivo logrado?
Mi sensación general ante la educación de un niño es que una vez alcanzado un objetivo en lugar de celebrarlo y estar muy satisfechos ante tal acontecimiento, proponemos de inmediato otro sin dar tiempo al festejo y la asimilación del anterior. Parece que a veces nunca es suficiente.
Desde que un bebé nace vamos marcándole objetivos: que se coja al pecho, que se calme al cogerle, que me mire, que coja una cosita, que se de la vuelta, que gatee, que camine, que hable, que … Y así hasta que un día el bebé tiene la misma estatura que nosotros y no nos hemos parado a disfrutar prácticamente de los logros, sino que nos hemos ido poniendo metas y más metas que nos hacen sentirnos como el eterno insatisfecho.
Es muy bueno marcarse metas y ser trabajador y exigente con uno mismo, pero siempre y cuando no perdamos de vista el lado emocional y la sensación real que debe estar viviendo el niño.
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A veces en mis reuniones con las familias les planteo algo que a mí misma me hace reflexionar mucho: «¿Qué recuerdas tu de tu infancia?» Y ante esta pregunta la respuesta siempre es parecida: «Me acuerdo cuando mis padres me llevaban a tal o cual sitio, cuando íbamos de viaje, jugar con mis amigos, etc.» En definitiva recordamos aquello que nos gustaba con mucho cariño y tratamos de borrar aquello que nos ha hecho daño o no nos gustaba tanto. Por eso mismo, ¿qué queremos que recuerden nuestros hijos? Yo pienso que querremos que recuerden lo orgullosos que estuvimos de ellos al alcanzar algo o simplemente al intentarlo, de lo que jugamos con ellos cada día, de lo que disfrutamos del parque o del paseo de fin de semana, de los ratos de lectura antes de dormir, de la seguridad que les dimos para intentar algo nuevo, del ánimo y la ayuda y, por supuesto, de la exigencia y perseverancia para alcanzar sus sueños agarrados siempre de nuestra mano.
Por todo ello, no quememos etapas, disfrutemos de cada una el tiempo que el niño nos marque. Cada uno es único y diferente y tiene un ritmo individual donde necesita pasar más o menos tiempo por cada una de ellas, pero este tiempo será establecido por ellos y por las necesidades que tengan y no porque deben llevar un ritmo por encima de sí mismos.
La vida es muy larga y cada etapa tiene una esencia única y maravillosa y más dentro de la Infancia.