La importancia del vínculo afectivo

Si hay algo esencial en la crianza de los niños es el vínculo afectivo.
Es algo de lo que todos oímos hablar pero no sabemos muy bien cómo potenciarlo de una forma sana y positiva, sin llegar a ser sobreprotectores o posesivos, pero dando seguridad y confianza a nuestro hijo. Haciéndole un ser seguro de sí mismo, apoyado por sus padres y sobre todo, feliz y querido.

En mi propia labor diaria, potencio este vínculo con los niños antes de comenzar las sesiones, para que acudan al tratamiento de atención temprana con alegría, con seguridad, con confianza y sobre todo respetando su espacio y sus tiempos. Desde ahí parto para seguir un camino largo con cada niño, donde quizás estemos trabajando durante muchos años juntos y la base debe ser sólida como en toda relación entre personas.
Debido a que mi trabajo se basa fundamentalmente en el tratamiento a niños con dificultades y sus familias y entorno, muchas veces el vínculo de las familias con los pequeños es costoso de establecer, ya sea porque las expectativas marcadas no se han cumplido, porque es complicado enfrentarse a los problemas, porque todo nos ha pillado de imprevisto, cuesta enfrentarse con la realidad… Es lógico comprender que el vínculo deba potenciarse con unas pautas que sirvan de guía y acompañamiento.
Es positivo que todos tengamos herramientas para favorecer un vínculo afectivo sano y seguro con nuestros hijos, ya que aunque sean lo más deseado, hay un proceso de llegada al mundo, donde debemos conocernos y adaptarnos los unos a los otros, a la nueva vida que hemos creado y que vamos a vivir.

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Descubriendo a «Elmer»

Hoy quiero descubriros un cuento muy especial, casi conocido por todos, ya que cuenta con más de 18 ediciones y, está siendo recomendado desde los centros infantiles, las escuelitas, ludotecas y todo el entorno infantil.

Se trata de Elmer de David McKee de la editorial Beascoa. Un libro de tapas duras con una historia corta pero con gran contenido y reflexión, para peques y adultos.

Es un cuento que sirve para sacar diferentes lecturas del mismo y para todas las edades.

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DESCRIPCIÓN:

Elmer vive en una manada donde hay elefantes de todo tipo: jóvenes, viejos, altos, bajos, delgados…

Pero aun así, él es diferente a todos. Él es multicolor.

Tiene una peculiaridad por la que todos le conocen y le aprecian, ya que él es quien más hace reír a la manada.

Una noche en la que no puede dormir piensa que debe irse de la manada ya que cree que todos se ríen de él  porque es diferente al resto.

Elmer emprende su camino por la selva y todos los animales le van saludando y le reconocen, ya que es un elefante único.

Tras un largo paseo encuentra un árbol lleno de bayas, las cuales tira al suelo y rueda sobre ellas para cubrirse del color característico de este fruto, del color de los elefantes. Así parecería uno más.

Una vez cubierto, Elmer regresa por la selva a su casa, y todos los animales que se encuentra por el camino le saludan sin reconocerle, ya que tiene color elefante.

Elmer se encuentra muy contento por estar pasando desapercibido y ser un elefante más ante los ojos de todos.

Cuando Elmer llega a su manada, ninguno de los elefantes se da cuenta de quién es. Lo que sí percibe Elmer es que todos están serios y callados. Ninguno se ríe ni disfruta. Elmer no aguanta ver tanta seriedad y se muere de ganas de reír. Así que les da un susto gritando “Buh”.

Sin necesidad de ver su piel multicolor todos descubren que ha sido obra de Elmer. La lluvia descubre la piel de Elmer y todos se alegran de que su amigo haya vuelto.

Desde ese día toda la manada celebra el Día de Elmer, donde todos se pintan de colores su piel y Elmer se pinta de color elefante.

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VALORES:

Este libro es más que necesario en la infancia para mostrar unos valores sobre una historia que todos los niños (y adultos) deberían adquirir.

Lo primero es reflexionar sobre el autoconcepto, ya que Elmer piensa que todos se ríen de él porque es diferente al resto y su concepto de sí mismo es el que desata toda la historia, haciéndonos ver que fomentar la autoestima en los niños es esencial para crear un correcto autoconcepto. Elmer estaba equivocado creyendo que se reían de él, ya que todos se reían con él por lo simpático y gracioso que era. Que fuese multicolor no influía en ese aspecto.

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Además nos enseña a valorar las diferentes opciones, las peculiaridades de cada uno. Mostrándonos que Elmer quiere ser igual que el resto. No quiere llamar la atención y quiere parecer un elefante más. Aquí reflexionamos sobre el físico, la apariencia y la importancia del qué dirán los demás sobre nosotros. La sociedad sigue presionando mucho en este aspecto y los niños son muy conscientes de ello desde bien pequeños. Es obra de los adultos dar ejemplo e intentar cambiarlo.

La inclusión es necesaria en el entorno y la educación que estamos dando a los niños, ya que a pesar de que seamos todos diferentes, cada no puede aportar algo al grupo y de este modo lo enriquece, todo suma para formar un contexto rico.

La integración de Elmer en el grupo era evidente aunque él no lo sentía así. Pero el resto de la manada se lo hace ver y le demuestran que le quieren tal y como es. Esto es esencial. Debemos ensenar a los niños a mostrar sus sentimientos y a reconocer los valores del resto y ser capaces de expresarlos.

Aceptar a los demás tal y como son es un valor fundamental. No valorando su físico o lo más superficial, sino a la persona en sí, en este caso al elefante en sí. Y Elmer se da cuenta de ello en este relato, donde sabe que su manada le aprecia por quién es y no por cómo es físicamente.

Espero que este cuento os haya gustado tanto como a nosotros y que disfrutéis leyéndolo un y mil veces junto a vuestros peques.

Podéis adquirirlo en cualquier librería con sección infantil.

PUEDES COMPRARLO AQUÍ.

 

Qué hacer cuando los niños muerden y/o pegan

Hoy te cuento en el Club de Malasmadres cuáles son los principales motivos por los que un niño pega o muerde, qué hacer ante tal conducta y cómo prevenirlo.

Hoy vengo a hablaros de ese momento tan temido, ese momentazo donde te enfadas con tu hijo, le niegas algo o le pones límites y, de repente, te pega un bocado o te da un manotazo; así, sin comerlo ni beberlo. Y empiezas a preguntarte qué ha pasado para llegar a este punto, dónde está tu bebé que hace dos días se movía a tu antojo y no sabía decir “no”.

Y de la mano aparece el sentimiento de culpa. Y te planteas si tu hijo te ha mordido porque va a la guardería o si es porque pasa mucho tiempo contigo y, las dudas te invaden y te hacen cuestionarte a ti misma.

Por eso hoy vengo a desmontar todo esto, a daros otra visión de estas conductas, para que comprendáis que es un proceso natural del niño, que aparece con mayor frecuencia de lo que creemos y que no viene asociado a “niños malos”, como siempre se nos ha hecho creer.

Tenemos que partir de la base de que nuestro bebé está madurando y, por lo tanto, empieza a ser un ser independiente y que gana autonomía y quiere explorarlo todo. Esto sucede a partir del año y pico y se prolonga en el tiempo dependiendo del niño, la familia y su entorno.

Esto es importante para que entendáis que los niños que pegan o muerden desde el año hasta los tres o incluso los cuatro años, no lo hacen con la intención de agredir físicamente ni de hacer daño sino con otras intenciones que os explico más adelante.

Para que comprendáis bien estas conductas, lo primero es saber los motivos por los que nuestro hijo está pegando o mordiendo.

En esto es en lo único en lo que yo encuentro diferencia respecto a las dos conductas, ya que morder y pegar van muy de la mano, aunque es bueno diferenciarlos a la hora de explicar las posibles causas que llevan a tu hijo a hacerlo.

Un niño muerde:

1. Porque quizás solamente tenga hambre.

2. Puede estar saliéndole algún diente y esto le hace llevarse cualquier cosa a la boca y tener la necesidad de morder y frotar sus encías con cualquier cosa.

3. Imita la conducta en otros niños.

4. Siente frustración por: no poder hacer algo, por no saber pedir ayuda, por no recibir la atención que en ese momento necesita, por no tener lenguaje para expresarse y decir lo que quiere con palabras y entonces recurre a lo más primario, a morder, como cualquier otro mamífero.

5. Llama la atención de la manera que puede, por celos, por ejemplo.

Un niño pega:

1. Porque imita a otros sin saber que es algo malo.

2. Siente frustración, incomprensión…

3. Quiere llamar nuestra atención.

Si aquí sigues leyendo porque te sientes identificado con lo que cuento, estarás preguntándote y “¿entonces qué hago para prevenirlo?”.

Pues si tu hijo es de los que ni muerde ni pega, ¡Enhorabuena!, pero te aconsejo que tengas claras ciertas herramientas para prevenir que lo haga, ya que como ves en las causas de por qué lo hacen, es bastante común que un niño se sienta de alguna de esas maneras a lo largo de su infancia.

¿Cómo puedes prevenirlo?:

1.Intentando anticiparte a aquellas cosas que le hacen morder o pegar. Como ya sabemos que no podemos controlar el mundo (ni lo pretendemos), intentaremos controlar lo que esté a nuestro alcance. Si crees que si le dices “no” a algo te responderá pegando o mordiendo, agáchate a su nivel y cogiéndole de las manos suavemente le dices que eso no está bien. Al tenerle contenido con tus manos, ya previenes que te pegue y puedes sujetarle para que no muerda.

2. Dando mensajes claros y directos, sin dar vueltas ni muchas explicaciones. El lenguaje es uno de los principales motivos por los que los niños se frustran y tienden a agredir. No saben cómo expresar enfado, rabia, nervios o descontrol y su manera más primitiva o primaria es mordiendo o pegando. Por lo tanto, demos palabras a lo que sienten antes de que peguen. Puedes decir en voz alta: “Sé que estás enfadado; que quieres esto y no te lo doy; ¿necesitas ayuda?”, lo que creemos que diríamos nosotros en esa situación si estuviéramos en la piel del buenhijo. Esto previene que llegue al límite de pegar.

3. Si prometemos cumplimos, es esencial, aquí nuestra palabra no puede fallar; porque si no perdemos credibilidad y el ansia y la frustración aparecen.

4. Acompaña en el enfado al buenhijo, no le amenaces con irte, con comportarte peor que él, en definitiva. No puedes enseñar a que respeten sin respetar, a no pegar pegando o a morder mordiendo. Cuántos adultos he visto que dicen “No pegues” a la vez que dan un cachetazo al niño en la mano o en el culo. Muy buen mensaje no es, y además poco claro para el niño. Recordemos que son imitadores natos y lo copian todo, y parece que lo malo antes que lo bueno.

Ahora puede que estés realizándote una pregunta: “Y si mi buenhijo ya pega o muerde, ¿qué hago?”. Pues sobre todo, aunque suene a tópico y a imposible, tratar de sacar paciencia de donde no la haya y aplicar estas estrategias, que con constancia y repetición nos serán muy útiles para enfrentarnos a un proceso madurativo habitual, pero que queremos que cese y no vaya más allá.

¿Qué hacer si ya lo hace?

1. Reacciona, es hora de poner límites de forma amable, firme y calmada. Hay que proteger sobre todo que no se hagan daño ni se lo hagan a nadie.

2. Empatiza con tu hijo y piensa por qué acaba de hacer esto. Tenga o no razón, no cambiará nuestra reacción, ya que pegar o morder no está contemplado bajo ninguna excepción, pero sí que hay que pensar que los motivos son importantes para comprender a nuestro hijo.

No es lo mismo que pegue porque un niño le ha quitado su juguete, que lo haga porque él se lo ha quitado al niño. Nuestro acompañamiento es darle estrategias para no repetir la conducta. Si el peque ha quitado algo a otro niño, le explicaremos que no es su juguete y que tiene que devolverlo, como a él le gustaría que hicieran. Si el juguete es suyo y se lo han quitado, le explicaremos cómo puede pedírselo al niño sin pegar, con palabras, que entendemos que esté enfadado, pero no pegando o mordiendo.

3. No hagas lo que no te gustaría que repitiera. No le pegues, no le grites, no hagas cosas que no son un modelo para tu hijo. Además piensa que no lo hace por molestarte o hacerte desesperar, sino por lo antes explicado. Si consigues verlo así, tienes mucho ganado.

4. Bájate a su nivel y mirándole a los ojos dile claramente “no” y explícale de una forma sencilla que no se pega o muerde. Insistir es esencial y como ellos no tienen conciencia de tiempo tienen mucha más paciencia que nosotros, así que ánimo, piensa que en unos meses habrá pasado.

5. Si pega o muerde en otro espacio, no es tu responsabilidad. Si la abuela, la profe o el tío te cuentan que ha pegado estando con ellos, dales este post y a seguir. No es responsabilidad tuya volver al tema cuando ya ha pasado. No regañes al peque por algo que ni has visto y que pasó hace tiempo, porque estarás hablándole en chino. Los niños (1-3 años) comprenden causa-efecto de forma inmediata, no comprenden que estés enfadado por algo que pasó hace horas, no saben relacionarlo.

Y si todo esto no funciona o no te ves con fuerzas, lo mejor es que dejes a tu hijo un rato con alguien que se encuentre con más fuerzas o paciencia que tú, o simplemente retírate o trata de mantener tu atención en otra cosa. No te hagas responsable de tal conducta. Y, sobre todo, ten en cuenta que les sucede a muchos niños, vayan o no a la guardería, tengan o no hermanos, etc.

Estas conductas son fruto de los cambios madurativos de los niños, que tienen que adaptarse rápidamente a todo lo que van conociendo y aprendiendo, y hacerse mayor cuesta, pero todo pasa, piensa sólo en eso, ¡es tu única esperanza!

Puedes compartir tu experiencia con todos y yo misma contestaré a tus dudas o propuestas.

Respetando el contacto II

Hoy quiero recordar un post sobre el respeto al contacto con un peque que tenía ganas de volver a publicar.
En los últimos meses he visto varios posts sobre dejar o no que den besos a tus hijos, si es bueno obligarles a dar abrazos o besos o a que acepten el contacto de un extraño o de alguien que en ese momento no quieren.
Yo lo tengo muy claro, no obligo a mi hija a que de besos, abrazos o caricias, ni los reciba de quien no quiera.
Yo tampoco las acepto de quien no me apetece o no conozco, así que es contradictorio que ella tenga obligación de quedar bien con todos y yo pueda escoger.
Lo mismo me sucede en sesión. No obligo a que los peques me saluden con un beso o no les cojo de la mano si no quieren. Ni les obligo a dar besos de despedida o a abrazar a cambio de algo. Siempre respeto, observo y pido permiso.
AQUÍ OS DEJO EL POST QUE ESCRIBÍ HACE UN AÑO:
Respetando el Contacto:
Que importante es para el adulto complacer sus necesidades sin darse cuenta de cuáles son las del niño.
Cuando un bebé nace y tiene tan solo horas recibe muchas visitas de familiares y amigos de la familia. Hay algunos más cercanos y otros que acuden por compromiso. Ahí cada uno debe medir la cantidad de gente que quiere que acuda al hospital o a casa y quiénes deben antes o cuando ya hayan pasado unos días, dependiendo del grado de cercanía y la relación.
En casi todos los casos hay gente que tiene la necesidad de coger al niño sin pensar en cuáles son las necesidades reales del bebé y de la mamá.
Es difícil poner límites a aquellos que se lanzan a coger al peque pero es importante dejar claro cuáles son las necesidades del recién nacido en este momento tan importante.
A veces hay que ser claros y explicar que no es momento de complacer a los adultos sino al recién llegado al mundo.
Lo mismo va sucediendo según éste va creciendo. Son muchos los que piden coger, besar, abrazar al niño en los encuentros. Está claro que es importante medir quiénes son los que lo demandan, ya que abuelos, tíos o amigos muy cercanos tienen ganas de demostrar el afecto al niño de este modo y sienten gran ilusión por besar y tocar al bebé, como es lógico y comprensible.
Aunque debemos respetar al peque y su forma de expresar y escoger lo que quiere hacer, sin castigar su decisión ni chantajear con que nos iremos o no tendrá una cosa específica si no da el beso o si no quiere contacto físico.
Otros sin tanta cercanía tienen su propia necesidad y no respetan la del niño. Y esto incomoda mucho al peque ya que se enfada, extraña y se ve separado de sus padres sin comprender nada de lo que está pasando. Además muchas veces su referente (su madre o su padre) se ponen del lugar del otro sin tener más opción el niño de hacer lo que le exigen.
Pedir permiso al niño a través de la lectura de las señales que nos emite a la hora de acercarnos a él es lo que mejor nos va a aclarar cuál es el momento adecuado para este contacto.
Respetar cada momento del niño es esencial para elegir el momento correcto para ofrecer cariño al peque, ya que a la hora de mamar no es adecuado acariciar o besar a un niño que no es el nuestro, por ejemplo.
Simplemente siguiendo normas básicas y siendo cautelosos aprenderemos a respetar los tiempos del niño y a conocer cuál es el momento para cada cosa.
Es esencial que el peque sepa escoger y pueda decidir en este sentido, ya que aprenderá a mostrar sus sentimientos con respeto, siendo capaz de elegir y haciendo lo que realmente siente y quiere, como el adulto realmente hace también.
Al fin y al cabo se trata de ponernos en la piel del niño, mirar a través de sus ojos y ser empático. El niño no es antipático o mal educado, simplemente está haciendo lo que cualquier adulto haría ante un desconocido o en un momento que no considera adecuado.

El sueño

Hoy me gustaría hablaros de la hora del sueño, del descanso de los más peques.
Hay muchas opiniones respecto a este momento del niño, donde encontramos psicólogos y especialistas que afirman que lo mejor es preparar el momento del sueño con rutinas constantes, haciendo que el pequeño encuentre siempre el mismo ambiente y la mismas sensación de tranquilidad y calma y favoreciendo un entorno silencioso, de oscuridad, pausado y seguro.
De este modo el niño aprenderá a calmarse por sí mismo y a encontrar el sueño sin necesidad del adulto para ello. Y poco a poco podrá ir durmiéndose sin necesidad de ayuda y sabiendo que el adulto le acompaña en esta rutina y está a su lado.
Esta vertiente también habla sobre el acompañamiento, donde el pequeño será atendido si lo necesita siempre, aunque llore varias veces o necesite ser cogido en varias ocasiones, para así calmarse y dormirse.
Igualmente, puede ser dormido en brazos y poco a poco adquirir estrategias para no necesitarlo, aunque será siempre acompañado por sus padres, sintiendo cariño, contacto y seguridad.
Por lo contrario, existe la vertiente contrapuesta. Donde son varios especialistas y profesionales de la infancia que indican que lo mejor es enseñar al niño a dormirse solo. De tal manera que paulatinamente se vaya retirando el adulto de su acompañamiento y sea el niño el que busque estrategias para calmarse o se acabe durmiendo de puro cansancio.
Algunos métodos muy famosos, afirman que los niños pueden llorar durante un periodo de tiempo pero acaban calmándose y durmiéndose solos sin necesidad de que el adulto vaya a calmarlos.
Se debe hacer poco a poco y aumentando los tiempos de ausencia del adulto en cada ocasión que el niño llore. Es decir, en la primera ocasión que el pequeño llore iremos al minuto, después a los dos minutos y así hasta llegar el punto al que no acudiremos y el niño deberá calmarse solo.
Como todo en esta vida, los métodos son múltiples y las experiencias de cada uno son únicas. Hay niños que no aprenden a dormirse con métodos que otros sí integran.
Pero aunque estos especialistas afirmen que no causa daño emocional en los niños el dejarles solos llorando durante largos periodos de tiempo, bajo mi experiencia profesional y mis conocimientos, esto está muy lejos de la realidad.
La contención del niño, el acompañamiento y la seguridad de saber que está con sus padres en un momento tan importante y tan necesario de compañía, le hace sentirse más seguro y fuerte, más tranquilo y confiado y, sobre todo, se duerme con la tranquilidad de que sus padres aparecerán siempre que lo necesite, que aunque se duerma, sus padres estarán ahí y le darán el cariño y la tranquilidad si tiene una pesadilla, si no puede dormirse o se ha desvelado.
Muchas veces los niños que aprenden a dormirse llorando, tienen sensación de abandono y evitan el momento del sueño en todo lo posible.
Bajo mi opinión, el sueño es tan importante como la alimentación, la salud, el juego, o cualquier otro concepto de la infancia.
Un niño que duerme seguro y tranquilo, será un niño sano y con un nivel de actividad diurna adecuada. Si por lo contrario, no descansa o tiene pánico al momento del sueño, no tendrá la energía necesaria, estará cansado, evitará el descanso e incluso son muchos los que ven la cuna como un sitio de castigo.
Cada uno debe encontrar el método que mejor funcione dentro de su familia y modificarlo tantas veces como sea necesario para encontrar el éxito y la satisfacción del descanso de todos.
Y como siempre os digo, tengamos empatía y respeto por la infancia. Pensemos qué es lo que nos gustaría a nosotros que hicieran en esos momentos nuestros padres o cómo nos sentiríamos en la piel del niño. Esto nos hará actuar de la manera adecuada, estoy segura.
¡Sed felices y haced feliz al de al lado!