Uno de los temas que más preocupa a las familias en cuanto a la crianza de los hijos es que estos logren ser educados, amables y respetuosos. Pero en ocasiones se les exigen comportamientos o conductas que no resultan apropiadas para la edad o la madurez cerebral que poseen en ese momento. La sociedad continúa perpetuando una mirada adultocentrista; es decir, una visión del mundo donde el adulto constituye el centro y la referencia de todas las cosas. Bajo esta perspectiva, se tiende a pensar en los niños como pequeños adultos en miniatura, lo que lleva a ignorar su desarrollo evolutivo y su madurez, sin tener en cuenta sus necesidades y capacidades reales.

