La llegada de un nuevo miembro a la familia

La llegada de un nuevo miembro a la familia siempre cambia todo, modifica nuestras rutinas y hace que tengamos que adaptarnos poco a poco, tanto la familia que ya estaba integrada como el nuevo miembro que llega.
Para un niño que siempre ha estado solo junto a sus padres, que ha sido hijo único hasta el momento, el cambio es muy grande y debemos hacer que lo viva como algo natural y como un momento de alegría, no como si de una pérdida de protagonismo se tratara.
Para ello debemos anticiparle desde el momento que elijamos en el embarazo y sobre todo teniendo en cuenta la edad del niño y su capacidad de comprensión.
Es importante contarle desde una visión realista lo que va a ir sucediendo poco a poco. Es fundamental no agobiar al pequeño con el mismo tema a diario y tratar de no estar insistiéndole con esto de continuo.
En algunos casos en los que insiste mucho a los niños, acaban aborreciendo el tema, no queriendo hablar de ello y haciendo que no escuchan a los adultos cuando se menciona.
El niño paulatinamente irá tratando el tema cuando se sienta preparado o tenga más curiosidad o cuando vea más evidente lo que le están contando (ver crecer las tripa de mamá, oír a otros hablar del tema, comprar cosas para el bebé…). Debemos darle su tiempo para que asimile, ya que si es muy pequeño le costará comprender cómo mamá lleva un bebé dentro y, más aún, comprender que va a venir un bebé a casa de verdad.
Una forma de acercar al niño a la realidad sin atosigarle es haciéndole sentir parte protagonista de este cambio. Podemos hacerle colaborar con lo que pueda, ayudando a preparar el cuarto del bebé, pidiéndole opinión sobre el nombre, yendo a comprar algunas cosas para el bebé con él y que escoja dentro de unas posibilidades…
Al llegar el día del nacimiento, podemos tener preparado un regalo para él, que le explicaremos que se lo ha traído el bebé. Esto suele funcionar muy bien con los niños, ya que esos días sufren muchos cambios, notan la ausencia de sus padres en la noche, ya que están en el hospital, sienten que todos prestan más atención al bebé… No sólo con un regalo se sentirán más presentes, pero puede ayudar a que perciban a su hermano de manera más positiva.
Es muy importante que a partir de este momento le demos su tiempo para comprender y asimilar el cambio, sin agobiarle ni estar constantemente diciéndole cosas relacionadas con el nuevo bebé.
Podemos hacer que se sienta protagonista pidiéndole ayuda para cambiar al niño, que nos traiga el pañal, nos ayude a tirarlo, nos acompañe a tareas que el bebé no puede, como ir a las compra, ayudar en las cocina…
Y, sobre todo, darle un rato a cada hijo de manera individual, para hacer lo que él elija, que escoja lo que quiera y disfrute de papá y mamá de forma exclusiva.
En conclusión, la situación debe afrontarse con naturalidad y tranquilidad, pensando en disfrutar de cada momento y dándole a cada uno el espacio que se merece.

Cuándo empiezan a extrañar los niños. Qué es la angustia por separación

Los niños extrañan:

– A partir de los seis meses el bebé comienza a extrañar a personas desconocidas o poco habituales para él. Paulatinamente va decidiendo pasar más tiempo junto a sus padres o aquellas personas que ve a diario; sobre todo suele ser habitual la necesidad del niño de estar pegado a su madre, que es quien suele estar a su lado desde hace meses.

En esta etapa, que puede presentarse desde los seis hasta los nueve meses y alargarse durante un tiempo, es normal que el pequeño llore al quedarse solo unos segundos, que no quiera estar en brazos de otras personas, que no se vaya con cualquiera, que no sonría a todos como antes hacía, que retire la mirada a un desconocido y otros aspectos que detectaremos que han cambiado respecto a lo que era antes.

Es un proceso normal y lógico de la evolución del niño, ya que distingue a quiénes conoce de a quiénes no, de los que son cercanos a él y le dan seguridad y de quienes no le dan tanta confianza.

Es muy importante vivirlo como un proceso normal del desarrollo del niño y no como una angustia ante el cambio que está sucediendo. Cuanto más tranquilos estemos nosotros, más tranquilidad trasmitiremos y el peque sentirá mayor normalidad ante la situación.
No debemos obligar al niño a estar en brazos de quien no quiera estar ni a dar besos o sonrisas a aquellos que el no quiere.
Poco a poco irá pasando esta etapa y será una fase más en su desarrollo.

Angustia por separación:

También os quiero hablar de la angustia de separación que puede aparecer en torno a los ocho meses de vida o ante un cambio repentino en la vida del niño y/ o de su entorno (vuelta a la vida laboral de la madre, un viaje de los padres, dejar al niño con alguien para ir a algún sitio, que se quede en casa unos días sin colegio y le cueste mucho la vuelta a la rutina…). En estos y otros casos puede aparecer la angustia por separación, término acuñado por Bowlby (psiquiatra infantil que estudió y desarrolló una teoría completa del apego), del cual se ha estudiado mucho en los últimos años por muchos profesionales.escucha atencion tempranaEs importante avisar al niño de lo que va a suceder por pequeño que nos parezca (desde que nace), contarle lo que vamos a hacer, los cambios que van a suceder… También es muy importante tener en cuenta que si nos vamos a ir y le vamos a dejar con alguien debe ser cuando esté despierto, para que no tenga la sensación de que al dormirse su madre desaparece, ya que puede provocar alteraciones en el sueño, angustias ante el momento de ir a la cama, miedo a dormir o cerrar los ojos, incredulidad ante la madre o el padre… Es fundamental expresar la verdad y decirle lo que va a suceder y anticipárselo.

La angustia por separación suele ser hacia la madre y está muy vinculada al apego y los cambios que sufra el niño.
Ante esta situación es importante mantenerse cerca del niño, no mostrar enfado o angustia, sino mostrar mayor cercanía, darle seguridad, cariño y hacerle sentir querido, mostrándole que no desaparecemos, que nos vamos un rato a hacer algo pero que volvemos, jugando a escondernos detrás de la puerta, de nuestras manos, dejándole a ratitos solo en su cuna o manta de juegos, pero que nos oiga aunque no nos vea, etc.

Poco a poco irá pasando por estas fases y las superará con éxito mientras sepamos estar junto a él.

Seguir leyendo

La paciencia

Si hay algo que he podido mejorar mucho a lo largo de mi experiencia profesional, es La Paciencia. He comprendido que con los niños es imprescindible para comprenderles, hacerles entender cualquier objetivo, enseñarles, mostrarles algo nuevo o alcanzar una meta. En el ámbito de la atención temprana trabajamos por objetivos muy concretos, específicos para cada caso, pensados y adaptados a las necesidades de cada peque y de su familia y entorno. La paciencia es la base de la preparación, de la elaboración, de la planificación, de la repetición del planteamiento, del llevar a cabo el ejercicio y modificarlo si vemos que no funciona de ese modo, de enseñarlo de mil formas y sobre todo con mimo y cariño. A pesar de creer alcanzado un objetivo, quizás si tratamos de repetirlo al poco tiempo, se puede ver deteriorada la calidad de ejecución, la precisión y, es necesaria de nuevo nuestra paciencia para volver a trabajar en el objetivo, en el ejercicio que tan necesario es para ese pequeño. Por todo ello, día a día, me recuerdo a mí misma lo importante que es la paciencia a la hora de desarrollar mi profesión (y de mi labor como madre también). Los niños necesitan que repitamos muchas veces las cosas para alcanzar y superar nuestro modelo, para fijarse y perfeccionarlo. Piénsalo cuando creas que ya no puedes más y ten paciencia, te lo agradecerá.

Expresión pura de sentimientos

Hace poco leí un artículo publicado en una web que me invitó a reflexionar sobre un tema: los sentimientos y su forma de expresión.
Este artículo solamente decía que había que disfrutar de la sonrisa de un bebé y de su carcajada, ya que con el tiempo sería diferente.  Esto directamente me conectó con mi situación personal, mi bebé de 4 meses.
Aquí empezó mi análisis sobre dicha cuestión.
La expresión de sentimientos en los niños hasta cierta edad, es realmente pura, sin filtro alguno, ya que la parte racional no aparece para controlarlos ni modificarlos, contenerlos o forzarlos. Es decir, un bebé que ríe ante la cara de su madre ríe de corazón, nada le frena o le invita a pensar en lo que va a hacer. De igual modo si llora de dolor, de hambre o de sueño.
Los sentimientos tan puros tienen fecha de caducidad y hay que disfrutarlos.
Un niño que ríe con la misma broma una y otra vez sin parar como si cada vez fuese una nueva, la carcajada ante el «cucú tras» constante, la sonrisa ante la llegada de alguien conocido aunque se haya ido de su vista tan sólo un minuto… Esa expresión de sentimientos es de verdad, natural.
También hay que destacar que los niños expresan sentimientos acorde a la respuesta que reciben ante ellos. Si un niño llorara sin parar y no recibiera respuesta del adulto de forma repetitiva, dejaría de llorar para quejarse de dolor, hambre o sueño.
Si un niño riera y no recibiera respuesta de su entorno, ni caricias o sonrisas, dejaría de hacerlo.
Los comportamientos de los adultos son imitados por los bebés. Cuanto más reciben más expresan.
Por otro lado, crecer y razonar también es muy importante y saber expresar los sentimientos adecuadamente en cada momento es esencial.
Después llegará otra etapa donde el niño razone y actúe en consecuencia a lo que reciba e irá poniendo su filtro en la expresión, algo esencial en la relación con otros.
Los ejercicios y juegos de expresión e identificación de sentimientos son importantes desde la infancia para poder identificar en otros y en uno mismo lo que estamos sintiendo y la manera adecuada de expresarlo.
La parte racional debe ir unida a la emocional para saber manejar adecuadamente las situaciones y de este modo actuar en consecuencia y saber expresar los sentimientos de forma adecuada.
Yo por ahora seguiré disfrutando de la «falta de filtro» de mi bebé a la hora de expresar sus sentimientos!

Valoro lo cotidiano

Desde que he estado relacionada con el mundo de la primera infancia, siempre he pensado que la lactancia materna sería la opción que yo escogería cuando tuviera hijos. 

Había oído que no era una elección fácil y que había que informarse antes de tomarla, como toda decisión.
Poco a poco en las clases de preparación al parto y comentando con amigas y conocidas fui dándome cuenta de que sería un camino poco sencillo pero muy gratificante.
El vínculo, la complicidad, la relación exclusiva entre ambas, las miradas, el contacto… Todo ello me hacía ser firme en mi decisión.
En el inicio nos costó mucho coger el truco, cada oportunidad era complicada pero gracias a la ayuda de expertos pudimos continuar con la opción escogida.
Algunos momentos fueron realmente complicados. Las trabas por parte del exterior surgían y la decisión firme que había tomado a veces se tambaleaba aunque finalmente pudo con todo.
Gracias a mi creencia en mí misma y a la de mi pareja pude realizar aquello que con tanta ilusión y empeño me había propuesto. 
Quizás por eso, supe valorar aún mucho más lo que estaba logrando. 
Cada ocasión en la que ella quiere comer y disfrutar de ese momento único juntas lo he valorado y apreciado como un regalo para las dos. 
Hace unos días ella ha escogido ir dejándolo sólo para la primera toma del día. 
Yo desde el inicio algo tenía claro, lactancia materna sí, pero siempre y cuando fuera disfrutada por ambas.
La alimentación debe ser un placer, y no una pelea o un sufrimiento para ninguna.
Una vez más, valoro lo cotidiano, lo que para otros quizás sea un hábito o algo del día a día, para mí es un regalo que ella aún quiera desayunar conmigo y regalarme la primera sonrisa cada mañana. ¡Qué mejor despertar!
Para mi que ella quiera seguir mamando en ese ratito es una alegría y una satisfacción.
De lo planeado a lo vivido hay mucho camino. 
Simplemente propongo: disfrutad de lo cotidiano, quizás para otros sea un regalo!