Mi porteo

Hay algunas cosas que me hubiera gustado hacer antes de que naciera mi hija una vez ha pasado el tiempo y puedo ver las cosas con cierta perspectiva.
Echando la vista atrás me hubiera gustado informarme más sobre el porteo, ya que no tenía muy claro si era la elección adecuada para llevar a mi niña. Desde hace tiempo me descubrieron una hernia en las lumbares y no sabía muy bien si iba a poder portear a la peque.
Poco a poco a pesar de mis limitaciones, pensé que era algo que quería hacer pero no conocía a nadie cercano que lo hubiera hecho ni tenía acceso a mucha información directa.
1- Mirando y buscando algo que respetara la postura horizontal del bebé encontré un portabebés diferente y que no había visto por la calle, el Minimonkey. Es un pañuelo con forma de media luna que se ata al cuello y permite llevar al niño desde recién nacido hasta los 3 años más o menos, cambiándole la postura.
Al principio se usa tumbando al bebé dentro del pañuelo, pero debido al buen tamaño de mi peque y unido a toda la ropa de abrigo que hay que poner en invierno, casi no cabía e iba un poco incómoda tanto ella como el que le porteaba (su padre o yo). Finalmente tras insistir varias veces y ver que era un poco agobiante o como que se sentía ahogada, desistimos y decidimos dejarlo para más adelante.
Este pañuelo o portabebés tiene la posibilidad de llevar al niño en posición sentado, hecho una bolita, y más tarde se puede llevar con el niño en una cadera, de lado, como muestran las imágenes.

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Día del libro

Hoy os quiero recomendar unos títulos para vuestra biblioteca con motivo del día del libro:
  • Colección «toca toca» de Combel Editorial: son muchos cuentos diferentes con texturas, sonidos, contrastes. Muy llamativos incluso para los bebés. Los hay de cartón o tela.
  • «100 primeras palabras» de Beascoa: se trata de un libro con el vocabulario básico inicial para un niño. Es muy parecido al que os comenté hace unos días.
  • «Por cuatro esquinitas de nada«: un libro que tiene como protagonista a Cuadradito, que vive en el mundo de los Redonditos. Habla sobre igualdad. Muy recomendable.
  • «Elmer» de Beascoa: habla sobre un elefante de colores que quiere ser como el resto de elefantes. Está muy de modo en centros infantiles y escuelitas.
  • «Yo mataré monstruos por ti«: este me lo regaló una buena amiga y es uno de mis preferidos, no sólo por el nombre de la protagonista sino por el contenido. Trata de una niña que tiene miedo a los monstruos y a la noche y esta historia gira completamente para convertirse en un precioso cuento.

EL VÍNCULO AFECTIVO: PEDIR AYUDA

A lo largo de mi experiencia me he dado cuenta de que hay aprendizajes básicos que se trabajan con cada uno de los niños que recorren mis sesiones por muy diferentes que sean los peques.
Es muy importante trabajar el vínculo afectivo nada más conocer a un niño, ya que nuestro trabajo juntos durará un tiempo, más o menos largo y, es fundamental que esté cómodo y se sienta a gusto para sacar lo mejor de sí mismo en cada sesión.
Este vínculo se favorece poco a poco, desde el entendimiento, la comprensión, el respeto tanto físicamente como psíquicamente. Le debemos dar su tiempo y espacio para que se muestre más o menos cercano, que tenga confianza y se desenvuelva en el entorno de trabajo y juego.
Hay niños que necesitan jugar con el adulto constantemente dentro de las sesiones y otros que prefieren cuidar su espacio aunque compartan parte con el terapeuta.
Hay pequeños que necesitan más contacto físico y expresar más sus sentimientos y otros, en cambio, no necesitan dar ni recibir muestras de cariño constantes.
Hay que respetar el espacio de cada uno y no invadirlo, y también es importante pedir las muestras de cariño y no exigirlas (aunque de esto podemos hablar otro día).
Otro concepto básico de la tarea de estimuladora en atención temprana es enseñar a los niños a pedir ayuda cuando la necesiten, sin anticiparnos a sus necesidades, dejándoles probar y que se equivoquen antes de ofrecerles ayuda para algo que igual sí son capaces de hacer por sí mismos, sorprendiéndonos y sorprendiéndose.
Para enseñar a pedir ayuda, debemos predicar con el ejemplo, siendo humildes y demandándola nosotros cuando también la necesitemos. Un niño comprende mejor con un ejemplo cotidiano que con palabras y sermones repetitivos.
En el caso de la atención temprana, son muchos los niños que reciben tratamiento y necesitan ayuda para realizar tareas cotidianas y es esencial enseñarles a pedirla, para que puedan realizar acciones habituales o puedan desenvolverse en el entorno.
Por todo ello, para explicarle a un niño cómo debe pedir ayuda, podemos pedírsela a él cuando «no sepamos hacer algo», cuando necesitemos coger algo que él alcance, para que nos eche una mano con acciones que él sí puede realizar solo.
También podemos verbalizar la palabra «ayuda» cuando creamos que el niño está ante una situación costosa o difícil y no está pidiendo ayuda. En lugar de regañarle porque no pide ayuda o explicarle nada, sólo diremos «ayuda» para que lo oiga y lo emplee si lo cree necesario.
De ahí la importancia del vínculo afectivo seguro del que al comienzo hablaba. Si un pequeño está en un ambiente de confianza, tranquilidad, afectividad y respeto, le será más sencillo demandar lo que necesita sin miedo a fracasar o a equivocarse, sino sintiéndose seguro de sus intentos y consiguiendo cada vez más logros.
– Postdata: Si vosotros también necesitáis ayuda para educar, cuidar o criar a vuestros hijos o para enseñar, estimular a vuestros alumnos o niños de terapia, pedidla y enriqueceos de lo que el resto del mundo os pueda aportar, Yo la primera.

Potenciar la simetría entre lados

Desde que un bebé nace podemos llegar a observar ciertas tendencias en cuanto al lado en que más gira la cabeza, la mano que más mueve, el brazo que más lleva a su cara, la manita que más se lleva a la boca, el lado al que voltea con más facilidad… Hay niños que son bastante simétricos y a penas se notan estas diferencias.
En cambio en los que sí se aprecien estas conductas, debemos observar las de los que están con el niño, ya que a veces se tiende a cogerle siempre con el mismo brazo y a dejarle libre el mismo lado del cuerpo, que coincide con ser el que más mueve, o a bañarle y darle de comer con la misma mano y posicionarle siempre del mismo modo.
Debemos ir alternando el lado con el que hacemos cada actividad cotidiana y fomentar el lateral que más le cueste al pequeño.
Si observamos que el niño siempre gira su cabeza al lado derecho, le hablaremos más por el lado izquierdo, le ofreceremos más los objetos por el lado izquierdo, sin olvidarnos del derecho, para no crear la reacción inversa. Es cuestión de igualar ambos lados, para potenciar la simetría entre el lado izquierdo y el derecho.
Si el pequeño voltea sólo hacia el lado izquierdo, trataremos de ponerle más juguetes en el lado derecho y de llamarle por ese lado, ayudándole a que así gire hacia el lado derecho con estímulos.
No consiste en volvernos locos pensando en cómo colocar al niño cada vez que estemos con él o cómo hacerlo adecuadamente, sino de acordarnos alguna vez al día de tratar de estimular ese lado que le cuesta un poquito más pero que sin duda irá progresando igual que el otro, aunque con mayor rapidez si recibe el estímulo adecuado.
Siempre ser espontáneos y realizar todo a través del juego, ayuda a que el peque colabore más y disfrutemos más de su progreso.

Encasillar a los niños

Desde que un niño nace se muestra con un carácter y un comportamiento que es propio y conforma su personalidad.

Esto va unido a sus rasgos físicos y a su aspecto, incluso a sus peculiaridades o a su vestimenta.
Las personas tendemos a quedarnos con un aspecto que llame nuestra atención o que se repita en el tiempo y con ello creamos nuestra idea de cómo es el de enfrente. De ahí a los repetidos comentarios: «las apariencias engañan» o «la primera impresión es la que cuenta». Está claro que la primera impresión cuenta y cuesta ser cambiada por todos, pero si encima una persona repite un comportamiento durante varios días o tiende a ser de una forma continuada, el encasillamiento es casi inevitable.
También hay que destacar que este hecho suele producirse cuando se trata de una característica negativa sobre el otro. Casi nadie trata de llamar al otro por un apelativo positivo y, es raro el que se molesta o se siente atacado por ser el guapo, el inteligente, el de los ojos bonitos, etc.
Pondré un ejemplo:
¿Y qué sucede cuando a un niño le repiten lo malo que es? Pues que al principio no le gusta, con el tiempo va encasillándose en este papel y aunque haga alguna travesura habitual para su edad, se percibe como mala porque es «el malo» y quiera o no va a seguir siéndolo. A los niños a los que sólo llaman la atención cuando realizan comportamientos inadecuados, acaban repitiéndolos simplemente por el hecho de ser nombrados, de percibir atención, de tener un ratito de protagonismo. Este tipo de niños no suelen recibir un halago por realizar algo bien, porque vienen con la etiqueta de fábrica, de malos. El entorno está pendiente de que hagan algo para llamarles la atención. Y no tienen la misma oportunidad de dejarse conocer, de modificar la conducta o de recibir simplemente la misma cantidad de paciencia hacia ellos por parte de los demás.
Pero ¿cómo nos sentiríamos en el papel de malo? Pues está claro que si constantemente nos dijeran eso, la rabia y la frustración estarían presentes continuamente y eso provocaría que no supiéramos encauzar nuestro comportamiento hacia uno positivo y nos sintiéramos con rabia y enfado.
Por eso mismo, si la forma de mirar al niño cambia por parte de todos y, le damos más oportunidades, ofreciéndole un ejemplo de cómo hacer bien algo, alabando su buen hacer, su buen comportamiento, siendo más pacientes, etc… El niño recibirá una atención ante un comportamiento positivo y no sólo hacia el malo.
Este cambio es fundamental para que cambie el pequeño. No sólo está en su mano, que no tiene apenas herramientas debido a su corta edad, sino que está en manos de todo su entorno y de todos, porque ¿quién no conoce un caso semejante a este?
Felices vacaciones y feliz reflexión!