La etapa del no o la reafirmación de carácter o del yo, es propia del niño desde su primer año y medio de vida hasta pasados incluso los tres años.
Esta etapa es necesaria y natural en cualquier niño sano. No se trata de un comportamiento falto de límites o normas, sino de una etapa dentro del desarrollo del niño.
Aquí te cuento cómo abordarla y qué claves seguir para comprenderla, acompañarla y pasarla con éxito.
En ocasiones el vínculo no viene dado como habíamos imaginado.
En muchos momentos cuando nace nuestro bebé, la situación no es la ideal, no es tal y como habíamos soñado, hay una separación forzosa unas horas, o quizás no aparece ese flechazo del que nos habían hablado. Y esto también es normal y sucede. Hay que darle normalidad y naturalidad porque todos los procesos no son iguales.
Crear un vínculo puede ser más o menos sencillo, pero que éste sea seguro, fuerte, inquebrantable e incondicional, es más complejo.
Para ello hoy te comparto este artículo que he escrito sobre apego seguro y vínculo, donde además de darte varias claves, te ofrezco varios cuentos para acompañar las pautas, que pueden servir de conexión para los lazos afectivos.
La curiosidad a veces se contempla como un valor negativo, ya que pensamos que quien es curioso, es cotilla o entrometido, pero muy lejos de la realidad, la curiosidad es la capacidad de investigar, mantener la ilusión, explorar el medio en el que vivo, investigarlo y no cesar en el aprendizaje continuo de la vida.
Los niños y las niñas son curiosos por naturaleza, pero el exceso de normas, limitar su comportamiento ante conductas naturales, en ocasiones hace que esta curiosidad desaparezca y tendamos a ser una sociedad donde la diversidad no está bien vista ni contemplada.
Es por ello que es necesario comprender cómo podemos acompañar la curiosidad de los niños, mantenerla en el tiempo y volver a hacer florecer la nuestra propia si es que sentimos que no está muy presente en nuestro día a día.
En este nuevo artículo para PenguinKids te cuento cómo potenciar la curiosidad no sólo en la infancia sino en el ser humano en general.
Desde hace años se habla de los términos mamitis o papitis con ligereza, entendiendo que el niño demanda continuamente la compañía y la atención de uno de sus progenitores o los dos.
Pero, ¿por qué surge esta demanda? ¿Qué ocurre de base en el cerebro del niño para que se comporte así y necesite del acompañamiento del adulto?
Siempre que observamos un comportamiento en el niño, tiene unas raíces y un por qué, no es en vano ni casual, sino que parte de una lógica y una naturaleza que tiene un fin concreto.
El niño que se comporta de manera disruptiva puede —seguro— que nos esté queriendo decir algo, como explicaba en este artículo.
Pero cuando también nuestros hijos e hijas nos demandan más, están pegados a nosotros como si de una pegatina se tratara y les es costosa la separación, existe una explicación y debemos abordar la causa para poder acompañar esta emoción adecuadamente, cubriendo las necesidades de nuestro pequeño.
En mi nueva colaboración para El País, os cuento de qué se trata la llamada mamitis o papitis y cómo podemos acompañar a nuestros niños en este momento vital.
Y tan sólo recordar que la conducta del niño tan sólo es la punta del iceberg, es decir, es la señal que nos hace empezar a ver que hay algo más allá detrás de su comportamiento y que precisa de nuestro acompañamiento para poder dirigirse y ser comprendido.