Desde hace años se habla de los términos mamitis o papitis con ligereza, entendiendo que el niño demanda continuamente la compañía y la atención de uno de sus progenitores o los dos.
Pero, ¿por qué surge esta demanda? ¿Qué ocurre de base en el cerebro del niño para que se comporte así y necesite del acompañamiento del adulto?
Siempre que observamos un comportamiento en el niño, tiene unas raíces y un por qué, no es en vano ni casual, sino que parte de una lógica y una naturaleza que tiene un fin concreto.
El niño que se comporta de manera disruptiva puede —seguro— que nos esté queriendo decir algo, como explicaba en este artículo.
Pero cuando también nuestros hijos e hijas nos demandan más, están pegados a nosotros como si de una pegatina se tratara y les es costosa la separación, existe una explicación y debemos abordar la causa para poder acompañar esta emoción adecuadamente, cubriendo las necesidades de nuestro pequeño.
En mi nueva colaboración para El País, os cuento de qué se trata la llamada mamitis o papitis y cómo podemos acompañar a nuestros niños en este momento vital.
Y tan sólo recordar que la conducta del niño tan sólo es la punta del iceberg, es decir, es la señal que nos hace empezar a ver que hay algo más allá detrás de su comportamiento y que precisa de nuestro acompañamiento para poder dirigirse y ser comprendido.
Esta es una de las preguntas que más me encuentro acompañando a las familias en sesión.
Muchas veces sentimos la necesidad de intervenir porque parece que sino no estemos haciendo nada y eso nos hace sentirnos culpables.
Es necesario saber qué tipo de intervención es beneficiosa en caso de haber una disputa entre hermanos, ya que lo primero es comprender por qué aparecen las discusiones y qué fin tienen dentro del desarrollo de nuestros hijos e hijas.
Te acompaño a descubrir las claves de este tema, si debemos o no intervenir cuando discuten, en qué casos es esencial que lo hagamos y cuando no, en este artículo para PenguinKids.
Además te explico qué es lo que sí necesitan nuestros hijos en estas situaciones.
Al convertirnos en madres muchas veces sentimos que nos convertimos y transformamos en alguien nuevo.
Esto no implica que sea un cambio negativo, sino que la mujer de antes se transforma y crece en una mujer nueva, que ahora también es madre, con experiencias nuevas, más conocimiento, otras emociones y capacidades y quizás con otra mirada distinta.
De toda esta transformación de la mujer en su etapa de maternidad, crianza, embarazo, lactancia y mucho más, te hablo en este nuevo post para PenguinKids donde me gustaría conectar con aquello que muchas veces otros no cuentan y que muchas sentimos desde la maternidad.