La curiosidad en la infancia es el motor del desarrollo cognitivo y emocional. Dar respuesta a sus dudas constantes construye seguridad, pensamiento crítico y un vínculo inquebrantable.
Hay preguntas que resultan incómodas y nos cuesta abordar respecto a temas que no fueron acompañados en nuestra infancia, como el sexo o la muerte.
Hay temas que en según qué entornos aún resultan complejos de abordar. Hay quienes evitan hablar de ellos para no tener que dar respuestas que quizás les resulten poco cómodas o sencillas.
Hablar con nuestros hijos sobre temas como la identidad, la inmigración o el racismo puede parecer difícil, pero es esencial para su desarrollo emocional y social. Estas conversaciones nos permiten sembrar valores de empatía, respeto y diversidad desde la infancia, ayudando a formar personas conscientes, tolerantes y solidarias. Educar en la diferencia no solo transforma a cada niño, sino que construye una sociedad más justa e inclusiva.
Durante esta época navideña cuesta no centrarse en el consumismo y en el bombardeo de planes, actividades y otras costumbres que empiezan a ser el centro de la Navidad, dejando de lado aquello que realmente es esencia de estas fechas.
En este nuevo artículo que he escrito en la revista de Penguin Kids hablo de los valores, además de las costumbres y tradiciones que resultan imprescindibles en una Navidad conectada con lo emocional, las necesidades básicas y afectivas.
Hoy quiero compartir contigo esta entrevista con Iolanda López, experta Universitaria en Alta Capacidad y Desarrollo del Talento, maestra, autora de “Educar personalizando, personalizar educando”.
En esta entrevista para mi sección Acompañando en Onda Cero, descubre qué son las altas capacidades, mitos sobre estas, cómo ayudar a un niño con altas capacidades, qué esperar de la comunidad educativa, y mucho más.
Este concepto del tiempo de calidad ha estado muy extendido en las últimas décadas.
Parece que pasar un rato al día con nuestros hijos en exclusiva es mejor que pasar un día completo compartiendo otras tareas.
Pero es que no el tiempo en familia favorece las oportunidades de tiempo de calidad, ya que no se puede forzar la calidad en el tiempo concreto en que uno pasa con otra persona.
Hay ciertas conexiones e interacciones con nuestros hijos que surgen de manera espontánea y no se pueden forzar o programar.