



Ya sabemos que a ninguno le suele gustar despedirse de alguien al que quiere. En alguna ocasión ya he comentado algo sobre este tema pero hoy me gustaría profundizar más.
Cuando tenemos que despedirnos de nuestro bebé o nuestro niño o niña para ir a trabajar o para separarnos un rato por el motivo que sea, a veces se hace costoso, ya porque le cueste a los padres o porque el niño ya sea consciente de lo que esto supone y lo sufra y muestre o porque les cueste a ambos.
En muchas ocasiones las familias esperan a que los niños estén dormidos o despistados para dejarles con el cuidador, el familiar o en la guardería y así poder irse sin vivir esa experiencia de separación tan difícil y costosa. Desde mi conocimiento y experiencia profesional aconsejo que esto no se haga, ya que los niños en ese momento preciso no sufren por la despedida ya que no son conscientes de la separación que se está dando pero al despertarse o situarse estarán confusos, desorientados y sin saber dónde están sus padres, los que le dejaron durmiendo o jugando un rato.
Su sentimiento es el de angustia, miedo, engaño o enfado, y aunque no veamos lo que sienten, lo sufren igual pero no estamos con ellos para explicarles lo sucedido, darles consuelo y acompañar su emoción.
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Está claro que los juegos para niños han evolucionado muchísimo, no cabe duda de que ahora mismo son pocas las familias que no incluyen entre sus entretenimientos alguno tecnológico tipo tableta, consola u ordenador. Desde bien pequeños podemos ver a muchos niños cómo manejan mejor que los adultos todos estos aparatos tecnológicos y se entretienen durante tiempos largos sin perder atención. Seguro que hay quienes defienden todo lo que se puede potenciar con ellos pero yo soy más partidaria del juego tradicional y de aprender conceptos a través de la realidad, de los objetos, de los juegos físicos, de la calle o el parque y las nuevas tecnologías en niños como complemento. Está claro que mi opinión al respecto no es tajante y no es un «no» rotundo al uso de las nuevas tecnologías, sino un uso adecuado y respetando la edad de cada niño. Creo que la idea de que esto es el futuro es un poco exagerada. Está claro que hay muchos avances y se van perdiendo métodos de enseñanza-aprendizaje porque caen en desuso pero de ahí a que todo en el futuro se vaya a adquirir de este modo, me cuesta creerlo. Las nuevas tecnologías tampoco deben prohibirse sino marcar los tiempos de uso y las edades adecuadas en cada caso. El otro día leí en «Salud total- Médicos y medicinas»: «Altos directivos de empresas tecnológicas multinacionales del Silicon Valley mandan a sus hijos a colegios que se promocionan como ser centros donde no se utiliza la tecnología en sus aulas. Según ellos, el ordenador impide el pensamiento crítico, deshumaniza el aprendizaje, la inter- acción humana y acorta el tiempo de atención los alumnos. Uno de los padres, el señor Eagle, graduado en tecnología y alto mando en Google, dice: “Mi hija de quinto de primaria no sabe cómo usar Google y mi hijo de tercero de secundaria está empezando a aprender. La tecnología tiene su tiempo y su lugar (…). Es súper fácil. Es como aprender a usar pasta de dientes. En Google y en todos estos sitios, hacemos la tecnología tan fácil que lo puede usar cualquier persona. No hay razón por la que los niños no puedan aprenderlo cuando sean más mayores. (…) La idea de que una app en una tablet puede enseñar mejor a leer a mis hijos, eso es ridículo.»» Esto me hace reflexionar aún más sobre mi teoría. Creo que emplear aplicaciones en teléfonos o tablets para aprender a adquirir colores, letras o números, hacer puzles o rompecabezas no es la idea que yo tengo de aprendizaje. La riqueza de la interacción entre varias personas para adquirir conocimientos se pierde, ya que uno mismo puede aprender solo a través de una máquina o el pensamiento creativo o imaginativo, dejan de ser necesarios ya que la tableta no es igual que un padre o una madre o un hermano que te hace aprender a través del juego, el movimiento o la imaginación… Ahora mismo observo a mucho niños que juegan con los móviles o con las tablets de los padres mientras ellos realizan otras tareas. El problema no es este sino lo pequeños que son esos niños. Muchos no superan los tres años y ya están pegados al aparatito viendo unos dibujos o dándole al botón, inmersos en esa actividad y evadidos del resto del mundo real, donde poder aprende muchas cosas probando y explorando su entorno. Quizás todo tenga su lado positivo y las nuevas tecnologías o internet sirvan para otras cosas que yo no soy capaz de valorar pero para mi no son esenciales para aprender nuevos conceptos que se pueden aprender de otros modos más tradicionales.
Hoy os voy a enseñar un muñeco muy original, que aparte de ser un peluche que puede hacer las funciones propias, sirve para muchas más cosas. Lo primero de todo decir que es una vaca vestida de granjero. Que está ideada para potenciar las habilidades de motricidad fina y de autonomía en el vestido y desvestido. Me parece muy interesante para trabajar con ella con niños desde el año y medio o dos años, ya que hay habilidades más sencillas y otras más complejas dentro del mismo juguete. Incluye en su vestimenta todo tipo de materiales y cerraduras que se pueden encontrar en la ropa, de este modo el niño podrá aprender a desabrochar y abrochar velcro en el tirante izquierdo de la vaca, poner y quitar botones en el tirante derecho, atar cordones en el zapato izquierdo, quitar y poner hebillas en el zapato derecho, abrir y cerrar cremalleras en el bolsillo frontal y todo esto con una vaca blandita y suave que cuesta unos 20€. Es de la marca Lamaze que tanto me gusta y se puede conseguir buscándola en internet o en grandes almacenes por este nombre: muñeco Fred, el granjero para bebés.